30 abr. 2013

De animales y humanos (Cenizas y Nieve)

En el largometraje Ashes and Snow (Cenizas y Nieve) de Gregory Colbert se puede ver un compendio de los más de treinta viajes que ha realizado alrededor del mundo. 
El tema común de todas las imágenes es la relación entre humanos y animales en un mundo idealizado en el que las fronteras entre nuestra especie y el resto no existen. 
En este magistral resumen se puede apreciar la personal y poética forma de mirar el mundo de Gregory Colbert. 
Disfrutad de las imágenes.

Via: ; vimeo.com
Autor:

25 abr. 2013

Breve Bibloteca Viajera: Las Baladas del ajo.



 Las Baladas del ajo.
Mo Yan.
Las baladas del ajoapunta contra los daños de la economía dirigida China en materia agrícola de los años ochenta. El condado Paraíso es uno de los mejores lugares para cultivar ajo en China. Cuando se decide que se convierta en monocultivo los agricultores deberán pagar tasas para eliminar sus anteriores cosechas y reconvertirlas en ajo. El protagonista es Gao Yang, un pobre agricultor que para sacar adelante a su familia deberá entrar por el aro del ajo. Cuando cientos, miles de sus compañeros llevan en carros la cosecha a vender se encuentran con que los excedentes son tan grandes que se suspende la compra. La revuelta esta servida y Gao Yang pese a ser una persona con poca iniciativa es acusado de ser uno de los incitadores.Mo Yan parte del final de la situación con la detención en su pueblo de Gao Yang, quien esposado a una acacia espinosa y con una de sus púas atravesándole el vientre se pregunta qué será de su familia y de su hija ciega, a la vez que recuerda todos los acontecimientos que han devenido en su estado actual.
Dura, agobiante, políticamente incorrecta, sucia, así es la historia que cuenta Mo Yan apoyándose en un lirismo conmovedor y una capacidad de conocer al ser humano prodigiosa. Su vertiente fantástica es casi nula en esta obra. Su construcción es mas sencilla pero a la vez más cercana.
Cada lector deberá decidir cuál de las dos versiones del Nobel le gusta más. Yo me quedo con ambas.
Pepe Rodríguez
 http://www.elplacerdelalectura.com

23 abr. 2013

¿Dolor? ¡Que va!



¿Dolor? ¡¡Que va!!







                                                                              Visto en Welele

18 abr. 2013

Breve Bibloteca Viajera:Hacia rutas salvajes.


 Hacia rutas salvajes.
Jon Krakauer.
Cuando en su momento vi la pelí­cula ‘Hacia Rutas Sal­va­jes’ (Sean Penn, 2007) me quedé con un regusto agri­dulce; por un lado, posi­tivo por el hecho de haber visto un film entre­te­nido, a pesar de su largo metraje, bien rea­li­zado y con la pers­pec­tiva de que se tra­taba de una pelí­cula basada en hechos reales y con un con­te­nido intere­sante; por otra parte, me quedó una sen­sa­ción más con­tra­riada basada en el hecho de que me pare­ció haber visto un video­clip bien mon­tado, en el que el afa­mado actor y direc­tor esta­dou­ni­dense nos ofre­cía una his­to­ria pre­ciosa, edul­co­rando exce­si­va­mente una aven­tura que acabó en drama.
En este sen­tido, coin­cidí bas­tante con la espe­cial crí­tica que de esta pelí­cula realizó nues­tro narra­dor, Javier Angulo, en su blog, Otro Cine, bitá­cora en la que está basada su pri­mera refe­ren­cia edi­to­rial que pue­des adqui­rir en nues­tra libre­ría.
Cuando en su momento leí la crí­tica que del libro ‘Hacia Rutas Sal­va­jes’ (Jon Kra­kauer) hizo el perio­dista espe­cia­li­zado en via­jes, Paco Nadal, en su blog (espa­cio web alta­mente reco­men­da­ble, por cierto), me entra­ron unas ganas locas de leerlo, quizá debido a una vehe­mente res­puesta que Nadal me dio en forma de comen­ta­rio a otro mío en el que expre­saba mis dudas al res­pecto de esta obra.
Afor­tu­na­da­mente, me con­ven­ció, y adquirí un ejem­plar de este libro que llevé a mi viaje a Bir­ma­nia (rutas sal­va­jes, en cierta forma) del que ya les he con­tado algo por estos lares.
Y digo bien lo de afor­tu­na­da­mente ya que he devo­rado este título del esta­dou­ni­dense Kra­kauer en pocos días, que­dán­dome con la sen­sa­ción de que, en este caso, a dife­ren­cia de la peli, no sobraba nada, no había ador­nos ni arti­fi­cios que con­vir­tie­sen la his­to­ria de Chris McCand­less o Alex Super­tramp en, para­fra­seando a Javi Angulo,un anun­cio de Levi’s.
En ‘Hacia Rutas Sal­va­jes’ (el libro) nos encon­tra­mos ante un ejer­ci­cio de buen perio­dismo en toda regla, con­di­men­tado con algu­nas refle­xio­nes del autor, con frag­men­tos de obras de Tho­reau, Tols­toi, Jack Lon­don, con extrac­tos del dia­rio del joven protagonista…
Un repor­taje en el que Kra­kauer acude a mul­ti­tud de fuen­tes (fami­lia, ami­gos, anti­guos com­pa­ñe­ros del ins­ti­tuto de Chris McCand­less, per­so­na­jes que com­par­tie­ron momen­tos en esta íntima y gran aven­tura…) y en el que, a dife­ren­cia de Penn, el autor no se per­mite el lujo de ofre­cer una visión exce­si­va­mente román­tica de lo rela­tado en sus páginas.
Es más, a pesar de que, como he dicho, hay diver­sos pasa­jes que están tru­fa­dos de con­si­de­ra­cio­nes per­so­na­les del perio­dista esta­dou­ni­dense y que él mismo, en el pró­logo, llega a avi­sar de que puede que, en oca­sio­nes, nos encon­tre­mos con opi­nio­nes pro­pias muy posi­cio­na­das, creo que con­si­gue no mojarse (como tam­bién así per­si­gue), por así decirlo, en el debate o polé­mica que sur­gió tras el caso de este joven, refe­rido a la dua­li­dad del mismo: loco e irres­pon­sa­ble niñato ver­sus román­tico e incon­for­mista joven.
Por ello, pese a que, como he comen­tado, Kra­kauer se decanta en cierta forma hacia el segundo de los posi­cio­na­mien­tos (hay un capí­tulo total­mente auto­bio­grá­fico en el que él mismo se iden­ti­fica un poco con McCand­less), esta ten­den­cia es mucho más sutil y, para mí por tanto, mucho más dige­ri­ble, que el posi­cio­na­miento que hace Penn en su pelí­cula que se ve, sobre todo, a nivel for­mal (música, planos…)
Con todo, por ir aca­bando, no me queda más que reco­men­dar­les enca­re­ci­da­mente este libro. Por lo que él cuenta, las refle­xio­nes que sus­cita, por la agi­li­dad con que está escrito y por­que, a dife­ren­cia del film, no parece que, aun­que lo haga, te esté ven­diendo nin­guna moto. Vean la pelí­cula, eso sí, y com­prue­ben que, una vez más, el libro supera en cali­dad a su adap­ta­ción cinematográfica.
http://www.narrador.es

17 abr. 2013

El maratón de Boston, territorio de libertad y desafío


No es nada complicado, todo lo contrario, cargar de significados sentimentales cualquier tradición, cualquier costumbre de años, sacudida repentinamente por una bomba, rota para siempre. Es, sobre todo, una forma conveniente y, a veces, artificial de subrayar la vileza, la brutalidad y el dolor, pero en el caso del maratón de Boston lo realmente complicado habría sido no encontrarlos.


El director del maratón intenta expulsar de la prueba a Katherine Switzer, a quien defiende su novio, durante la celebración de la carrera en 1967. / AP
                    Se puede expresar con grandilocuencia, como hizo Amby Burfoot, el ganador hace 45 años y perenne participante a quien las explosiones encontraron cuando se hallaba a 800 metros de la meta y dijo: “Para mí, el maratón no es otra cosa que el hecho de que Estados Unidos es un país de libertad y democracia… Forma parte de nuestra gran tradición democrática”. O se puede decir más sencillamente, con menos sentido patriótico o altisonante, pero el mensaje es el mismo, el maratón como territorio de libertad y orgullo. Y el valor del símbolo se multiplica incluso si en vez de maratón a secas se trata del de Boston, el padre de todos los maratones, el más antiguo del mundo. Se celebra ininterrumpidamente desde 1897 y siempre en el Día del Patriota, el tercer lunes de abril, y siempre con el mismo recorrido de 42,195 kilómetros lineales desde Hopkinton hasta Boylston Street en su confluencia con Copley Square.
Mucho más serio y formal que otros grandes maratones populares de multitudinaria participación como los de Nueva York, en noviembre, cuya última edición no pudo celebrarse por culpa de la tormenta Sandy, o Londres, el próximo domingo, el maratón de Boston, nacido al año siguiente de la invención de la carrera en los Juegos de Atenas, ha debido fijar marcas mínimas para manejar la ingente cola de solicitudes —hay listas de espera de años— y no sobrepasar una cifra máxima de 30.000 participantes.
El maratón es también desafío y reto, y si se habla de Boston, más aún. “El maratón simboliza la superación y la aceptación de desafíos. Esto [por las bombas] no va a frenar a nadie, al contrario, motivará a la gente para perseverar y mostrar que son mejores que eso”, dijo Shalane Flanagan, que es mujer y maratoniana, la mejor de Estados Unidos en estos momentos, poco después de terminar la carrera. Y cuando lo dice, cuando habla de superación, no habla solo de mera superación atlética, de la eterna lucha de la voluntad contra los límites que quiere fijar el organismo con esfuerzo y sacrificio, sino también de la propia lucha de la mujer para conseguir la igualdad. Hablando de Boston no podía ser de otra manera, pues fue en las calles de la tradicionalista y tan católica (irlandesa) capital de Nueva Inglaterra, donde la mujer demostró por primera vez la ridiculez de las teorías fisiológico-masculinas del momento. Estas establecían que el organismo femenino no era capaz de correr en competición más allá de milla y media, un tope de 3.000 metros.
Switzer, en una gala deportiva en Nueva York en 2011. / Jason Kempin (Getty Images)  

La ruptura, el fin de la discriminación, llegó, inevitable, en los años sesenta, cuando los estudiantes universitarios llevaban flores en el pelo, fumaban marihuana tumbados en la hierba, protestaban contra la guerra de Vietnam y contra todas las leyes opresivas en general, y las mujeres contra todos los límites. Y también algunas por su derecho a correr como los hombres, entre los hombres, como Roberta Bobbi Gibb, quien en 1966 se puso unas bermudas y una sudadera con capucha de su hermano, se escondió en unos arbustos en la salida y sin que nadie se diera cuenta se mezcló con la masa de participantes (entonces unos centenares, todos hombres), una atleta clandestina que terminó la prueba en poco más de tres horas y entre los vítores de todos los jóvenes atletas maravillados. Meses antes, los organizadores de la carrera, un ente tradicional y tradicionalista, casi de aires aristocráticos, había rechazado su solicitud de inscripción señalándole que las mujeres no eran fisiológicamente capaces de correr esa distancia (se lo decían a ella, que durante dos años hizo entrenamientos de 40 kilómetros diarios) y que la federación de atletismo les prohibía intentarlo.
Al año siguiente, en vez de una mujer participaron y terminaron dos mujeres el maratón de Boston. Bobbi Gibb volvió a hacerlo clandestina, sin dorsal, pero Katherine Switzer intentó otra estrategia. En su solicitud de inscripción no especificó ni su sexo ni su nombre, solo sus iniciales K. V. Switzer. Le asignaron el dorsal 261 y orgullosa empezó a correr rodeada de un grupo de amigos. Cuando Jock Semple, el director de la carrera, la vio desde el autobús en el que supervisaba la prueba, se bajó e intentó echarla a empujones ante el delirio de los fotógrafos de prensa y la furia del novio de Switzer, quien con fuerza se lanzó contra Semple y lo tiró al suelo. Su chica terminó. “Aquel día cambió mi vida”, dijo Switzer, activista feminista desde entonces, “y también la del maratón”. Cinco años después, en 1972, Boston admitió su derrota y oficialmente a las mujeres. Y en 1984 el maratón femenino entró a formar parte de los Juegos Olímpicos.
El Pais

11 abr. 2013

Breve Bibloteca Viajera:El peor viaje del mundo.



El peor viaje del mundo.
 Apsley Cherry-Garrard
 
Otra vez estoy leyendo un libro de viajes. Esto me va a llevar a la ruina mental. Me va a crear adicción. Bueno, el caso es que estoy engullendo la historia de la expedición del capitán Scott al polo Sur (1910-1913), contada por uno de sus acompañantes. En realidad, pues, son las vivencias de un aventurero.
El libro en cuestión se titula “El peor viaje del mundo”, de Apsley Cherry-Garrard.

Quiero citar un fragmento que me impresionó referido a la naturaleza salvaje, natural y cruel, aunque lo leído hasta ahora sobre los exploradores es todo valentía y pundonor:

Los exploradores que descubrieron a los [pingüinos]-emperadores con sus crías (se refiere a una expedición anterior), observaron que los pingüinos que no podían conseguir uno vivo criaban polluelos muertos y congelados. También encontraron huevos descompuestos que posiblemente habrían incubado cuando ya estaban congelados.

Pues bien, nosotros vimos que estas aves estaban tan deseosas de empollar que entre las que no tenían huevos había algunas que incubaban hielo. Cuando fueron a recoger los huevos, mis compañeros se encontraron en varias ocasiones con pedazos de hielo redondeados, sucios, duros y más o menos del mismo tamaño. En una ocasión, a un ave se le cayó un huevo de hielo mientras la observaban, y entonces apareció otra y se lo guardó, hasta que le ofrecieron uno de verdad”.

Esta salida desde el campamento-base que hizo el autor (aventurero) y otros dos compañeros a la costa de los pingüinos-emperadores estuvo marcada por el infortunio.

Llegaron el borde de la congelación y la locura. 
La marcha del día era una maravilla (-40º) en comparación con el descanso nocturno (-50º), aunque las dos cosas eran horribles. Estábamos en las peores condiciones en que puede encontrarse un hombre que aún es capaz de seguir viajando; pero nunca oí una palabra de queja ni un juramento, y vi que la abnegación superaba todas las pruebas”.
Nunca había leído algo relacionado con aventuras polares. La lectura es toda una experiencia…….., y aconsejable.
De un post en Magazine. Libros de Viajes , escrito por Sergio Parra:

expedicionariosLa historia de los viajes está llena de malas decisiones que, finalmente, han conducido a desastres de proporciones casi bíblicas. A veces a nivel colectivo, otras a nivel individual. Como el hundimiento del Titanic, o la expedición que decidió comerse a sus perros husky.
Pero probablemente el peor viaje de todos los tiempos sea la expedición llevada a cabo por tres hombres para encontrar especímenes de huevos de pájaro bobo emperador, allá por el 1911. Dichos hombres fueron Edward Wilson, Apsley Cherry-Garrard y “Birdie” Bowers. No en vano, el relato fue recogido en un libro titulado precisamente El peor viaje del mundo, editado en 2007 por Ediciones B, cuyo autor fue Cherry-Garrard.
En un agotador recorrido de ida y vuelta, de 214 km y 19 días de duración, a través de la oscuridad y las ventiscas del invierno antártico, desde el cabo Evans hasta el cabo Crozier, y retorno, los tres vivieron una experiencia que difícilmente olvidarían.
libroEl viaje lo llevaban a cabo a temperaturas de hasta -60 ºC. Esa temperatura parece increíblemente baja, pero os garantizo que tratar de caminar cuando el mercurio ha bajado tanto es como reanimar un muerto. Para que os hagáis una idea, durante la noche los expedicionarios llegaban a temblar de una forma tan exagerada que temían que sus huesos se pudieran romper.
¿Valía la pena tamaño esfuerzo por un puñado de huevos? Bien, los pájaros bobos son preciosos, y francamente espectaculares en algunas de sus capacidades: pueden sumergirse hasta 250 metros y permanecer bajo el agua hasta 18 minutos. También se reproduce en un ambiente más frío que el de cualquier otra especie de ave: la temperatura ambiente es de -20 °C de media y puede llegar a -40 °C, y la velocidad del viento puede alcanzar los 144 km/h. El propio Apsley Cherry-Garrard admitiría más tarde: «En términos generales, no creo que haya nadie en la Tierra que lo pase peor que un pingüino emperador». Las principales colonias de cría están localizadas en cabo Washington (20 000–25 000 parejas), isla Coulman en Tierra Victoria (aproximadamente 22 000 parejas), bahía de Halley, Tierra de Coats (14 300–31 400 parejas) y la bahía Atka en la Tierra de la Reina Maud (16 000 parejas).
Pero la idea de Wilson iba más allá: creía que gracias a esos especímenes podría esclarecer que los pájaros bobos o pingüinos eran una especie de eslabón perdido entre los reptiles y las aves (actualmente se sostiene que las aves descienden de los dinosaurios).
EmperadorLos expedicionarios, sin embargo, se encontraron con una desagradable sorpresa al encontrar al fin los huevos: que los machos eran los que los incubaban, tal y como explica Ian Crofton en La historia de la ciencia sin los trozos aburridos:
Y que algunos machos que no tenían huevo que incubar estaban tan desesperados para cumplir con su papel que modelaban burujos de hielo en unas formas ovoideas groseras, y se posaban sobre ellos. Después de haber recolectado tres huevos, los hombres retornaron a cabo Evans, pero apenas estaban vivos cuando consiguieron llegar al campamento base.
Wilson y Bowers, durante la misma expedición, se acabaron uniendo al viaje del capitán Scott al Polo Sur, pero murieron congelados. Sólo sobrevivió Cherry-Garrard que, al regresar a Londres para entregar sus tres huevos de pájaro bobo al Museo de Historia Natural, tuvo aún que soportar otro traspiés.
Apsley
Le preguntaron: ¿quién es usted? ¿Qué quiere? Esto no es una tienda de huevos. Después le dejaron que esperara durante horas hasta que alguien se pudo molestar para darle un recibo. Y es que la biología había cambiado. Wilson había basado su corazonada en la doctrina de Ernst Haeckel de 1866 según la cual “la ontogenia recapitula la filogenia”, es decir, el desarrollo embrionario de un individuo recapitula el desarrollo evolutivo de su especie. Dicha teoría había caído en descrédito; además, a Cherry-Garrard se le dijo que los huevos añadían poca cosa a la embriología de los pájaros bobos que el museo ya conocía.
Fotos | Wikipedia

4 abr. 2013

Breve Bibloteca Viajera:El sueño del Celta.




Mario Vargas Llosa.
El sueño del Celta.

La aventura que narra esta novela empieza en el Congo en 1903 y termina en una cárcel de Londres, una mañana de 1916.
Aquí se cuenta la peripecia vital de un hombre de leyenda: el irlandés Roger Casement. Héroe y villano, traidor y libertario, moral e inmoral, su figura múltiple se apaga y renace tras su muerte.
Casement fue uno de los primeros europeos en denunciar los horrores del colonialismo. De sus viajes al Congo Belga y a la Amazonía sudamericana quedaron dos informes memorables que conmocionaron a la sociedad de su tiempo. Estos dos viajes y lo que allí vio cambiarían a Casement para siempre, haciéndole emprender otra travesía, en este caso intelectual y cívica, tanto o más devastadora. La que lo llevó a enfrentarse a una Inglaterra a la que admiraba y a militar activamente en la causa del nacionalismo irlandés.
También en la intimidad, Roger Casement fue un personaje múltiple: la publicación de fragmentos de unos diarios, de veracidad dudosa, en los últimos días de su vida, airearon unas escabrosas aventuras sexuales que le valieron el desprecio de muchos compatriotas.
El sueño del celta describe una aventura existencial, en la que la oscuridad del alma humana aparece en su estado más puro y, por tanto, más enfangado.
http://www.alfaguara.com

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