14 abr. 2009

Maurice Wilson



"El camino es la meta" -Provervio budista-

Nacido en 1898 en Bradford, hijo del propietario de una fábrica de lana. Alumno aplicado, a los 12 años hablaba con fluidez francés y alemán. A los 18 años se alistó voluntario al ejército donde llegó a teniente. Herido y repatriado buscó en el extranjero, Estados Unidos y Nueva Zelanda, sentido a su vida en diferentes y variopintos trabajos. Al cabo de unos años, regresa a inglaterra en barco. Es aquí donde empezará a cambiar su vida al conocer a bordo a unos yoguis hindúes por cuya filosofía queda altamente impresionado.

Una vez en inglaterra, su salud empieza a resquebrajarse: Adelgaza, tose sin parar, se niega a seguir los consejos médicos... Un buen día desaparece y regresa completamente sano. La curación había sido un ayuno de 35 días y oración. A partir de este momento decide enseñar al mundo su filosofía, según la cual un hombre purificado por la fe y el ayuno, podría, con la ayuda de Dios, alcanzar cualquier meta.

¿ Qué meta sería suficientemente grandiosa para enseñar al mundo a creer en su filosofía ? ¡Por qué no escalar el Monte Everest en solitario ! Con la ayuda de su fé lo consuguiría. Hay que comentar, que Wilson no tenía idea ni experiencia alguna en alpinismo. Aún así, ni se le pasó por la cabeza suspender el proyecto. Leyó todo cuanto pudo sobre expediciones anteriores y llegó a la conclusión que prescindiría de todo el complicado circo de porteadores, campamentos.... ¿ Y cómo llegar al Everest ? Pues nada menos que en avión, pilotado poe él mismo, que haría aterrizar el el mismo glaciar de Rongbuk. Toda esta cantidad de despropósitos no le harían desistir de sus planes aún cuando las personas cercanas, a esta altura, ya le empezaban a tachar de loco.

Compró un aeroplano, el cual fué bautizado como "Everwrest", tomó clases de pilotaje, con la intención de alcazar una mínima pericia que le ayudase a volar 8.000 kilómetros por regiones inexploradas y en un avión abierto... Compró el equipo necesario para la aventura: Tienda de campaña, saco de dormir, hasta una brújula con la que orientarse en el Everest.

Su entrenamiento físico consistía en cminar de Londres a Bradford, bien cargado de peso y con las botas de clavos puestas, escalar pequeñas montañas inglesas y saltar en paracaidas sobre Londres para aprender a atemperar los nervios.

Con el avión reformado para largos vuelos, fija el día de su cumpleaños, 21 de abril de 1933, como fecha de partida. Una amigdalitis inoportuna trunca sus planes. Como no podía ser de otra marera, con oración y ayuno logra recuperarse. Tras varias peripecias, el 21 de mayo de 1933 parte con rumbo a El Cairo. Una vez allí vuela a Bagdad, Barheim y hasta Gwadar en la India. En dos semanas había recorrido 8.000 kmts, cosa completamente inimaginable para un piloto novel. En Lalbalu se entera que las autoridades le deniegan el permiso para sobrevolar el Nepal. Tras varias semanas de espera y ya cerca de los Monzones, Maurice vende su avión y con el dinero que obtiene de la venta, se pone rumbo a Darjeeling. Aquí, nuevos contratiempos: Se le impide el tránsito a pié para atravesar Sikkim y Nepal, así que maquina cómo acceder al Tibet de manera poco legal. Conoce a los sherpas Rinzing y Tsering que están dispuestos a ayudarle. En la noche del 21 de marzo de 1934, abandonan Darjeeling.

Caminaban de noche, disfrazados de monje tibetano y sus aguerridos acompañantes, hasta que alcanzaron el desfiladero de Kongra La y más allá: El Tibet. A partir de este lugar, el camino se hacía de día aunque evitando poblaciones. El 12 de abril de 1934, Maurice escribe en su diario: " He visto el Everest ". Dos días más tardaron en llegar hasta Rongbuk. Los prados dejaron paso a los pedreros y tierras estériles.

Había leido abundantes libros sobre el Everest de destacados alpinistas de la época, pero quedó totalmente abrumado del espectáculo que se abría ante él: El glaciar oriental de Rongbuk. Sin crampones, con más de 20 kg a la espalda, consigue llegar al campamento II, a 6.035mts, completamente exausto y abatido. A la mañana siguiente, y tras comer algo de pan y unos dátiles, se pone de nuevo en camino. Una tormenta le detuvo definitivamente, tras dos días de penurias a 6.250 mts. Vencido, decide retirarse, y por el temible glaciar, volver a la seguridad del convento.

Allí lame sus heridas, se recupera y junto a los sherpas, idea un nuevo plan: Los sherpas subirían con él hasta el campamento III, porteando víveres y esparando a Wilson para que cuando llegase de conquistar la cima del mundo, tuviese alimentos preparados para la recuperación.

El día 12 de mayo parten los tres hacia el campamento III, que alcanzan el día 15. Allí encuentran un almacén de víveres de una expedición anterior. Wilson explora el camino al Collado Norte e ingenuamente da por hecha la ascensión. Tras cinco días helados en las tiendas a causa de una ventisca, wilson se pone en camino hacia el Collado Norte. La altura, condiciones del terreno y la propia inexperiencia de nuestro protagonista hace que retorne al campamento III, cuatro dias después de haber partido. Lo que tendría que haber puesto punto y final a una delirante aventura, no supuso más que un punto y a parte. Después de dos dias de convalecencia en la tienda, Maurice intenta convencer, sin lograrlo, a uno de los sherpas, Tewang, para que lo acompañe al campamento IV.

El día 29 de mayo, extenuado por el esfuerzo se pone en marcha él sólo pero no avanza mucho. Desde el campamento III, el día 31 intenta el último ataque. Moriría poco después.

En 1935, Eric Shipton y Carles Warren, encontraron su cadáver, el cual enterraron en una pequeña grieta. Recuperaron su diario que junto al testimonio de los sherpas sirvieron de base para recontruir el que iba a ser la primera ascensión en solitario al Everest.

Fuente: Everest en solitario: Reinhold Messner

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