11 sept. 2009

La huella de Babur

Viaje a pie por Afganistán
Antes unas apreciaciones sobre los libros de viajes.
Según entiendo y he confirmado en alguna parte, un libro de este tipo se escribe en tres etapas: La primera sería la preparación del viaje propiamente dicho, qué ver, por dónde ir, cómo ir, recolección de bibliografía... La segunda es el propio viaje en sí: Descripciones, anécdotas etc y la tercera es la labor de biblioteca: Datos históricos, geográficos que complementan lo que se dice en el libro.
La justa mezcla de estos tres ingredientes, sazonados con algo de humor y un poco de saber hacer cocerá un libro más o menos entretenido.
Hay libros que abruman con datos y otros que se van por la tangente de un argumento paralelo que a nadie interesa pero rellena páginas.
La semana pasada acabé este libro, recomendado por mi amiga Pi, ávida lectora y viajera.
La huella de Babur, cuenta el viaje de un diplomático, escritor británico, en concreto escocés, a través de Afganistán -desde Herat a Kabul- por las montañas y tras sólo unos meses después de ser desalojados del poder los talibanes.
Enumera las diferentes etnias que se encuentra, sistema social, político de la sociedad afgana del momento. Describe caminos, puertos montañosos personas con los que se cruza. Es un libro entretenido y con las pinceladas históricas justas para entender el momento complicado en que vive el pais.
Por otra parte le falta esas anécdotas simpáticas o esa manera de contar las cosas que hacen la diferencia entre un diario y un buen libro de viajes.
Abusa de frases muy cortas con lo que la narración a veces se hace un poco lenta.

"En enero del año 2002, Rory Stewart caminó a través de Afganistán sobreviviendo gracias a su ingenio, a su conocimiento de los dialectos persas y de las costumbres musulmanas, y a la amabilidad de gentes extrañas. Atravesó de día montañas cubiertas de un metro de nieve, caseríos incendiados y arrasados por los Talibanes, y comunidades florecientes en medio de los restos de civilizaciones medievales. Y de noche durmió en el suelo de los poblados, compartiendo la comida de sus habitantes y escuchando sus historias del pasado tanto antiguo como reciente. A lo largo del camino, Stewart se encontró con héroes y canallas, con ancianos de las tribus y con soldados adolescentes, con comandantes talibanes y con empleados de los programas de ayuda extranjera. También fue adoptado por un inesperado compañero, un mastín de pelea retirado al que le puso el nombre de Babor en honor del primer emperador de Afganistán bajo la India mogol, cuyas huellas iban siguiendo. Por medio de estos encuentros conmovedores, desconcertantes, sorprendentes y divertidos por turnos, Stewart convierte en tangibles las fuerzas de la tradición, la ideología y las lealtades que conforman la vida en los incontables parajes en el centro de Afganistán."

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