13 ene. 2010

El papel de la Federación en las carreras

Transcribo un artículo de la revista Desnivel, muy interesante por cuanto muestra otra visón, otra opinión sobre la actual organización de las carreras de montaña por parte de federaciones.

Luis Alejos, conocido autor y montañero vasco, lejos de estar en contra de las carreras, rechaza que las federaciones estén dirigiendo fondos hacia ellas en favor de un modelo elitista y de competición, y los quitan del montañismo tradicional. El artículo, en el número de enero de la revista Desnivel.
Debate sobre carreras de montaña
El modelo social dominante destaca el éxito y el protagonismo individual sobre los valores colectivos. Imitando al deporte espectáculo, buena parte de los directivos de las federaciones de montaña sueñan con que la escalada deportiva, el esquí de travesía o las carreras alcancen el podium olímpico, a poder ser durante su mandato. El resultado es una programación centrada en actividades competitivas que chocan con la esencia de nuestras tradiciones, basadas en un modelo de montañismo participativo y sostenible. Actividades de alto rendimiento y pretendidos deportes de aventura, ofertados con el pretexto de atraer a la juventud, apuntan hacia una banalización de la montaña que puede llegar a convertirla en mera cancha deportiva, en detrimento de sus valores medioambientales, éticos, culturales, científicos, históricos y paisajísticos.
Preocupado al igual que tantos otros montañeros por esa deriva, en la última asamblea de la Federación Vasca de Montañismo (FVM/EMF) pedí la retirada del reglamento de carreras por considerar que constituyen una actividad competitiva que no encaja en los objetivos federativos. Así mismo solicité la apertura de un debate para tomar una decisión mayoritaria al respecto. Aunque en la votación se aceptó el citado reglamento, en la discusión del presupuesto para el año 2010 se volvieron a poner en entredicho las carreras, esta vez por contar con una asignación económica muy superior a la de los clubes. Visto el desacuerdo, la directiva de la federación decidió asumir el debate.
En el País Vasco el problema arranca de la Ley del Deporte de 1998, que aplica a las actividades deportivas de carácter popular el rasero de las profesionales. La FVM/EMF en vez de rechazarla por ser una normativa que perjudica a los clubes, imitando a la FEDME abrazó las competiciones con entusiasmo. En consecuencia, lo esencial del debate no es estar a favor o en contra de las carreras, sino optar por el modelo federativo tradicional, con base popular y participativo, o por otro elitista y competitivo. Tal discrepancia se da en todos en países con gran tradición montañera. Las asociaciones de Alemania y Austria dejaron la UIAA a finales del 2008 por considerar, entre otras razones, que no apoya el alpinismo tradicional.
Las competiciones tienen gran eco mediático, por eso los políticos, que deben revalidar el cargo cada cuatro años, conceden subvenciones a pruebas con mucha prensa e imágenes televisivas. Esto explica que gran parte de los fondos que gestionan las federaciones no estén destinados al montañismo tradicional, sino a competiciones donde los participantes suelen ser corredores de maratón o de cross. La FVM/EMF entrega a actividades competitivas, forzosamente minoritarias, un presupuesto que casi multiplica por cuatro el dedicado a las no competitivas y a 180 clubes que representan a 28.500 federados. Se mire por donde se mire, resulta difícil entender que las federaciones se presten a colaborar en un reparto tan injusto. 

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