20 mar. 2009

Göran Kropp

Göran Kropp no quería morir, lo tenía claro, y así lo dijo en el transcurso de una entrevista a la revista de Helli Hansen. Revisaba cada aspecto relativo a la seguridad en cada una de sus actividades. Su motivación no era el riesgo extremo ni las escaladas suicidas, sino descubrir, hacer hincapié no en las cimas, sino en los caminos que llevan a ellas. Le apasionaban las cumbres cercanas a los grandes, todo aquello que quedaba por hacer, y se regía por dos parámetros: la autosuficiencia, y el convencimiento de que la escalada no empieza al pie de la montaña, sino en el momento en que uno se cuelga la mochila de los hombros. Escalador, esquiador y ciclista más que notable, fue en realidad un aventurero fuera de su tiempo. Y eso que su fama le llegó en el Everest, y precisamente en un año en el que este pico se hizo tristemente conocido para gente de todo el planeta.


Kropp planeaba navegar a la Antartida y llegar al Polo Sur al 2004

Primavera de 1996. Campo Base de la sur del Everest. Varias expediciones comerciales se preparan para emprender el asalto definitivo a la cumbre, mientras los malos augurios flotan entre las tiendas y los seracs del Khumbu. Está a punto de desencadenarse una catástrofe: seis personas no volverían a bajar de la gran montaña. Entre ellos, los guías Scott Fisher y Rob may. John Krakauer, Anatoli Buykreev, Jamling Norgay (hijo de Tenzing), entre otros, serían testigos horrorizados que luego dejarían por escrito uno de los episodios más tristes y, en cierto sentido, más polémicos, de la historia de la montaña más alta del mundo. Tras la gran tormenta, la probada inexperiencia de algunos de los clientes de las expediciones, la muerte de sherpas, guías y alpinistas, el ambiente en el Campo Base es funesto. Los clientes, obsesionados por la cumbre, no habían querido darse la vuelta cuando el tiempo comenzó a empeorar y avanzó demasiado el día; abandonaron el Campo IV, en el collado sur, ya sin fuerzas ni recursos. Y ocurrió lo que ocurrió. Casi nadie reparó en un escalador solitario que, a pocos metros de la cumbre, se había dado la vuelta sin dudar. Mientras muchos morían, el estaba de regreso en su tienda, comiéndose una barra entera de mantequilla.


Casi 12000 Km en bici, de Suecia a Katmandú, para luego subir el Everest.

Tres días más tarde, el clima mejora y muchos de los miembros de otras expediciones deciden seguir adelante y volver a subir. Pero la alegría inicial se ha desvanecido. En medio de este clima enrarecido, reaparece el escalador solitario. Un sueco que había roto los esquemas de todos. Göran Kropp había llegado sólo, tras una aproximación de ¡11.975 kilómetros!. Buscando la pureza en la ruta, había salido de Suecia, montado en una bicicleta con la que llegaría a Kathmandú. Kropp posee un inagotable sentido del humor, que ni los acontecimientos ocurridos consiguen ensombrecer. La expedición que graba una película en Fomato IMAX se lo encuentran cuando bajan de la cumbre. Sigue sonriendo. Camina junto a un español que ha encontrado en el campo base, y están a punto de hacerse la foto de cima. En el recuerdo de todos quedará como este extraño tipo que, sin encomendarse a nadie, ha completado un periplo en autonomía plena como nadie había hecho antes, y ha devuelto, en parte, esperanza a unos pocos que pensaban que esto del himalayismo se estaba convirtiendo en un peligroso negocio.


Aunque no muy conocido, el sueco tenia en su haber cinco ochomiles.

Es sólo una muestra pero, más o menos, así era Göran Kropp, esquiador, ciclista, escalador, viajero. Tras su increíble aventura, recorrería el mundo (con especial énfasis en Estados Unidos) comentando las diapositivas que había hecho durante el viaje, y que tituló como "Ultimate High: My Mount Everest Odyssey — From Sea Level to Summit.". Era tan divertido, que nunca le faltaron citas en su agenda para una nueva proyección, una conferencia, una charla. Los asistentes quedaban impresionados. La fama del “Sueco Loco” se extendía. Los organizadores repetían, en cada caso, que era uno de los mejores narradores de historias que habían conocido. Es de suponer que los pormenores de su viaje, que casi acabó a tiros en Turquía, a pedradas en Irán o con un linchamiento en Pakistán, también daba mucho de sí. Se escribió un libro sobre la gesta, y un film que fue galardonado en el Festival de Banff. Dado su poder de convocatoria, registró una fundación y empezó a recoger fondos con los que, con el tiempo, montó un colegio, un hospital e incluso una pequeña central eléctrica en Nepal.

Sin embargo, Göran era desde años antes un alpinista experto y con triunfos indiscutibles. Tras sus comienzos en las operaciones especiales del ejército sueco, consiguió la cima del K2, el segundo hombre que lograba al canzar sus 8.611 metros sin ayuda de oxígeno suplementario y en solitario. Al gigante del Karakorum se sumarían otros dos ochomiles (Cho Oyu y Broad Peak) antes del Everest, y luego seguiría el Shisha Pangma. También volvería al Everest, esta vez con su novia, Renata (se sería la primera sueca que llegaba a su cima) y llevándose, al regreso, 25 botellas de oxígeno vacías que recogió en el Collado Sur.

En el año 2000 protagonizó un intento de travesía al Polo Norte geográfico. Su idea era realizar la travesía en solitario, pero no contó con que se empeñaría en seguirle... un oso polar. El animal le acecho y terminó atacándole. Kröpp consiguió matar al animal, pero las heridas y graves congelaciones le impidieron culminar la travesía.


Göran Kropp destacaba por su polivalencia (esquí, escalada, ciclismo, etc.)

Su próximo proyecto, planeado para 2004, consistía en emprender la travesía de la Antártida hacia el Polo sur pero, una vez más, comenzando el viaje desde Suecia. En principio había declarado que navegaría a vela cruzando el océano. En los últimos meses, en cambio, había declarado a una cadena televisión que estaba pensando ne renunciar a la vela y emprender el viaje ¡a remo!.

Hubiera sido interesante ver de nuevo a ese extraño sueco en acción. Pero la suerte le abandonó en una vía de 25 metros de Sunshine Wall, una conocida zona de escalada del Estado de Washington. “Air Guitar” no era siquiera una vía muy difícil; sin embargo, una caída al final del recorrido, una protección que salta (la ruta no estaba equipada) y una repisa contra la que fue a dar resultaron mortales. Si fue error, fallo del material o simple mala suerte, no se sabe ni importa demasiado. Murió en el acto. Tenía 35 años. Como declaró Renata (quien se enteró del accidente precisamente a los pies del Everest, mientras conducía un grupo de trekking por el valle del Khumbu), fue demasiado pronto; pero por otro lado, terminaba una vida llena de aventuras y de experiencias. El tiempo es, otra vez, un parámetro relativo.

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