19 mar. 2009

La soledad del corredor de fondo

Siempre he pensado que los maratonianos están hechos de otra pasta distinta a la del resto de los mortales. Uno, que se asfixia cada vez que tiene que correr para que el autobús no se escape, y que se agota subiendo cuatro pisos de escaleras, se echa a temblar cuando piensa en 42 kilómetros, uno detrás de otro, de asfalto. Pero se me ocurre algo peor. Que la carrera no sea sobre asfalto, sino sobre tierra, nieve, hielo o arena del desierto. Y que además no sea de 42 kilómetros y pico, sino de 50. O de 75. O de 100. Hoy daremos un garbeo por las carreras más duras, extrañas y exóticas del mundo.

Una de las carreras más duras imaginables es la maratón de montaña. A la longitud del recorrido se añaden los enormes desniveles a salvar a lo largo de la carrera. En el pico más alto de Europa se disputa la Maratón del Mont Blanc, una carrera en la que los participantes deben salvar un desnivel de más de mil metros… dos veces. El recorrido pasa cerca del trifinium entre Suiza, Francia e Italia, por cierto. El récord de la carrera está por encima de las tres horas (la mejor marca en la maratón tradicional está muy poco por encima de las dos). Pero tanto mérito o más que los que acaban primeros tienen los que acaban como farolillo rojo. El año pasado los dos últimos en llegar a la meta fueron Peter y Moira Reed, dos británicos que terminaron la prueba en 8 horas y 40 minutos. Pero llegaron.

Pero para maratón de montaña bestia, bestia, la Maratón del Everest. Para acostumbrarse a la falta de oxígeno los participantes deben viajar 25 días antes a Katmandú; la salida está a más de cinco mil metros de altitud y la meta a más de tres mil. Sólo siete personas han conseguido acabarlo en menos de cuatro horas, y sólo una de ellas no era nepalí. Varios de los poseedores de los mejores registros se apellidan Sherpa, cosa no demasiado sorprendente. El farolillo rojo de la última edición llegó a la meta ocho horas más tarde que el vencedor. La Maratón del Everest es la más alta del mundo según el Libro Guiness. Pero no es la única que se disputa en el pico más alto del planeta. La Maratón Tenzing Hillary parte del campo base del Everest, a 5.365 metros de altura, y es aún más dura. En esta el dominio local es abrumador. Siempre ha ganado un nepalí tanto en categoría masculina como en la femenina.

Corredores en la Maratón Tenzing Hillary saliendo del campo base del Everest.

Las maratones del Everest se disputan, lógicamente, en los meses cálidos, mayo o Junio. Y también tiene su lógica que en países como Egipto las carreras no se disputen en pleno verano. En el mes de noviembre se celebra la Carrera de los Faraones, una ultramaratón cuyo recorrido de 100 kilómetros pasa por la pirámide de Kefrén. La idea de semejante palizón se tomó de una tablilla de veinticinco siglos de antigüedad en la que se relataba cómo los soldados del faraón corrían una distancia similar para mantenerse en plena forma antes de una inspección. La persona que menos tardó en recorrer la distancia en la última edición iba en silla de ruedas. Se demoró casi siete horas, por las casi nueve que tardó el primer corredor en llegar. Sólo siete personas finalizaron la prueba; los tres últimos tardaron once horas y media en hacerlo.

Un corredor de la Carrera de los Faraones ante la pirámide de El Shet, en el kilómetro 85 de la prueba. © Howard White

Aún más caluroso que en el Cairo es el tiempo en el desierto del Sáhara. La Maratón de las Arenas (o Marathon des Sables) es una terrorífica carrera que se disputa en el Sáhara marroquí. A lo largo de siete días, los corredores (más de 800 en la carrera de este año, entre ellos el ex jugador de Madrid y Barça Luis Enrique) se meten entre pecho y espalda la friolera de 240 kilómetros de arena y dunas, con temperaturas que normalmente sobrepasan los 40ºC a la sombra. En la última edición el vencedor, un marroquí, marcó un tiempo de algo más de 19 horas a lo largo de los siete días de competición. De los que llegó, el último fue un heróico japonés que tardó 76 horas en completar el mismo recorrido, cuatro veces más que el ganador de la carrera. Viendo las imágenes de los corredores, lo asombroso es que alguien la acabara.

¿Hormiguitas en la playa? No, corredores de la Maratón de las Arenas

Tanto calor no puede ser bueno. Pero tampoco debe ser bueno el frío extremo. Y eso es lo que uno se puede encontrar en el Maratón del Círculo Polar Ártico, que se celebra en Groenlandia. 42 kilómetros entre glaciares y nieves perpetuas, con temperaturas bajo cero en gran parte del recorrido, y pistas cubiertas de nieve en otros tramos. Ningún ganador ha bajado de las tres horas de carrera, y los últimos suelen tardar más del doble.

Un paseo a través del fresquito matutino groenlandés.

Pero para encontrar un maratón fresquito, fresquito, lo mejor es ir tan al norte como sea posible. De hecho, tan al norte como las matemáticas permiten. La Maratón del Polo Norte está registrada en el Libro Guiness como la carrera más septentrional del mundo, récord que nunca podrá ser batido, por razones más que obvias. Las temperaturas, pese a que el sol no se pone durante toda la carrera (bueno, en realidad no se pone hasta varios meses después de la carrera) rondan los 30º C bajo cero. La edición de este año, que se disputó el pasado 1 de abril, fue ganada por un coreano que marcó un tiempo de poco más de cuatro horas. Algo impresionante si se tienen en cuenta las brutales condiciones en las que se disputa la carrera, y la impedimenta que los participantes están obligados a llevar. La Maratón del Polo Norte es, además, la única maratón del mundo que se disputa íntegramente sobre agua. Sobre las aguas congeladas del Océano Glacial Ártico. Las inscripciones para la próxima edición, en abril de 2009, ya están abiertas. ¿Alguien se apunta?

Un corredor bajo el sol de medianoche en el Polo Norte.

Al otro lado del mundo, en la Antártida, también se celebran maratones. La Isla del Rey Jorge (o Isla del 25 de mayo para los argentinos) acoge la Maratón de la Antártida, que comenzó a celebrarse en 1995. El recorrido, íntegramente a temperaturas bajo cero, y con un viento espantoso que rebaja aún más la sensación térmica, pasa por las bases chilena, china, rusa y uruguaya en la isla. La edición de este año fue ganada por un polaco que corrió los 42 kilómetros en poco más de tres horas.

Pero la Isla del Rey Jorge está a 62º de latitud sur. Es decir, no está dentro del Círculo Polar Ártico, por lo que no hay sol de medianoche, ni noche de seis meses. No está mal, pero no es la Antártida pura. Para correr en el continente antártico hay que apuntarse a la Maratón de los Hielos, o Ice Marathon. La carrera se disputa a 80º de latitud sur, a poco más de 1.100 kilómetros del Polo, en mitad de la más inconcebible de las nadas, con vientos de 40 kiklómetros por hora, y temperaturas máximas de diez grados bajo cero. En esta clase de pruebas, la ceguera de las nieves, la hipotermia y las congelaciones son enemigos mucho peores que los 42 kilómetros de recorrido. Pero hay quien los recorre. Y no sólo eso. Además de la maratón, simultáneamente se disputa una carrera de cien kilómetros a través del hielo. En las tres ediciones disputadas sólo ha habido un participante, que, a falta de contrincantes, competía contra sus propios límites. El récord de la prueba está en menos de 16 horas. En el año 2005, el irlandés Richard Donovan, organizador de la prueba, fue la primera persona en recorrer 100 kilómetros corriendo a través de los hielos antárticos, marcando un registro aún imbatido. Más impresionante aún es la gesta del singapurense William Tan, que es la única persona que ha terminado una maratón antártica en silla de ruedas.

Sobre estas líneas, dos corredores en la soledad antártica. Debajo, el corredor de Singapur William Tan, que en diciembre de 2007 completó los 42 kilómetros y 195 metros sobre el hielo en 9 horas y 48 minutos.

Como decía al principio, los maratonianos están hechos de otra pasta. Para los más enajenados de ellos se fundó el Club de los Siete Continentes. Su propio nombre lo dice todo. Al club sólo pueden acceder aquellos que hayan corrido al menos una maratón en cada uno de los siete continentes (contando América del Norte y del Sur como dos continentes distintos). Hasta ahora, 131 hombres y 41 mujeres han accedido a tan selecto club, entre ellos, cuatro españoles.

Para saber más:

Esta entrada está inspirada en el libro Filípides era vikingo, que contiene una lista de las carreras más duras y remotas del mundo, y cuyo autor corrió la Maratón del Círculo Polar Ártico en Groenlandia.

Cuerpos al límite, en el diario Público, artículo en el que se habla, entre otras cosas, de la Maratón de las Arenas.

Maratones Polares (PDF, 5 MB), un artículo de la revista española Corricolari.

By Diego González

Fuente aquí

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