11 jul. 2009

Consejos para sobrevivir en la montaña


  • Lo primordial, antes de buscar un refugio, es hacerse visible para ser rescatado
  • Se puede sobrevivir durante muchos días sólo a base de agua
  • Es muy peligroso comer hojas o raíces desconocidas, ya que pueden ser venenosas
  • Con una brújula y un mapa de la zona se puede salir fácilmente de muchos problemas
Llega el verano y los excursionistas aprovechan las horas de luz y el buen tiempo para practicar un hobby que supone para muchos un motivo de disgusto. Según Jorge Cruz, responsable de comunicación de la Federación Madrileña de Montañeros, muchos de estos sustos se podrían evitar "con tan sólo un mapa y una brújula".

El primer problema de los montañeros es que muchos de ellos salen de excursión sin mapa ni brújula o sin saber usarlos, sin ser conscientes de que pueden ser fundamentales para "recuperar el camino y llegar a un punto habitado" si el montañero se separa del grupo.

Hoy en día, mucha gente piensa que "la montaña es un parque temático" al que sólo vamos a divertirnos, afirma Cruz. "Hay helicópteros, emisoras, el teléfono móvil... por lo que se cree que todo está controlado".

Pero el monte es peligroso y hay que tomar serias medidas de seguridad, que empiezan por una buena formación y una concienciación del peligro al que nos exponemos en las excursiones.

Seguridad pasiva

El primer paso está en tomar las precauciones básicas para no perdernos. Esto supone llevar en la mochila brújula, mapa de la zona y altímetro, un accesorio que ya es digital, suele ir incluido en los relojes clásicos de montaña y nos permite "navegar en una cota para buscar una salida", explica Cruz.

Tampoco debemos olvidar un silbato y un espejo de señales, cuyo peso y coste económico sono mínimos. Sin embargo, nos pueden sacar de muchas situaciones indeseables si nos perdemos. El espejo nos hará visibles y el silbato, cuya frecuencia se oye mucho mejor por un valle que la voz humana (que puede ser neutralizada por el rumor del viento) evita que el montañero gaste energía gritando en busca de ayuda.

Otros elementos que hay que incluir en la mochila son un plástico con una señal de SOS (que se puede ver desde el aire) y una linterna frontal con efecto de parpadeo. Esta parpadeo es mucho más efectivo que la linterna de señal constante y, además, este tipo de linternas, que son de LEDs, tienen un consumo mínimo, que les permite funcionar durante varios días sin interrupción utilizando baterías convencionales (de doble o triple A) como alimentación.

No hay que olvidar una manta térmica, que nos puede salvar en cualquier época del año. Pesa tan sólo 20 gramos y cuesta unos 3 euros, y protege tanto del frío como de la lluvia.

Igualmente, hay que llevar siempre un botiquín para emergencias, agua con la que hidratarse constantemente y algún tipo de barrita o alimento energético.

En caso de emergencia hay que hacerse visible

Si a pesar de tomar las precauciones citadas el montañero se ve en una situación de emergencia (perdido en el monte, herido de gravedad, etc.), hay una serie de medidas de seguridad activdas que tiene que tomar para, ante todo, ser rescatado.

Con experiencia y un buen equipo, se puede sobrevivir con relativa facilidad en la montaña, y mucho mejor si es en época estival. Según Cruz, "los extravíos invernales son mucho más peligrosos", ya que hay menos horas de luz, precipitaciones frecuentes, se producen resbalones peligrosos y la temperatura puede llevar al montañero a la hipotermia.

Todas las acciones que haga un excursionista que se ha perdido deben ir encaminadas a hacerse visible, antes que buscar alimento o cobijo. Se puede sobrevivir varios días en la montaña sin alimentos, pero el objetivo es siempre ser localizado y rescatado.

Desde la Federación Madrileña de Montañeros sugieren subirse a la copa de un árbol en la horas centrales del día para llamar la atención de los servicios de rescate. También conviene gritar pidiendo ayuda o, mejor aún, hacer sonar un silbato para ser escuchados.

Otra opción es construir una señal en forma de Y con ropa, ramas, piedras u hojas. La Y simboliza "ayuda" en el código internacional de señales de socorro. Ésta deberá ser lo más grande posible y conviene colocarla en un claro o en un lugar fácilmente visible. Por ello, se deben utilizar colores o materiales rompan "la uniformidad de la vegetación".

Guardar energías y beber mucha agua


Para no gastar energía 'a lo loco', hay que "aprovechar las horas de luz y las más transitadas", que en verano se alargan. Es productivo vigilar de las 11.00 a 16.00 horas y descansar el resto del tiempo.

Para recuperar fuerzas, el bosque suele ofrecer alternativas de alimentación, como bayas y frutos, que son típicos del otoño. Masticar hojas no tiene aporte calórico, por lo que la alimentación es secundaria y lo primordial es beber agua no contaminada.

Además, comer hojas o raíces desconocidas puede ser muy peligroso, ya que hay algunos tipos (como la hoja del tejo) que son altamente venenosos. Es mejor mordisquear un palo para 'engañar' al estómago, a modo de piruleta.

El cuerpo humano puede funcionar durante varios días nutriéndose únicamente de agua, que se buscará en un barranco o en un fondo de valle. El agua suele llevar una ligera contaminación de los excrementos del ganado que pasta en cotas altas, por lo que es fundamental filtrar el agua. Con una camiseta o un pañuelo podemos eliminar la mayor parte de los gérmenes.

Ante todo, mantener la calma

En una situación de emergencia es fundamental la forma en la que se reacciona. Lo más importante es dominar los nervios, que "inutilizan al individuo", y "tener la sangre fría para asumir la situación", según Jorge Cruz.

Si no se dispone del equipo adecuado para la supervivencia, hay que orientarse por indicios, como el sol. El musgo en las piedras indica el norte y las espadañas de las iglesias construidas en aldeas muy altas miran siempre al este.

Cuanda cae la noche es fundamental dejar de caminar, ya que un paso en falso con poca visibilidad puede suponer caer por un abismo de 300 metros. En estos casos, hay que encontrar un lugar donde pasar la noche.

Se suele buscar el llano por el miedo de algunos montañeros a quedarse dormidos y precipitarse montaña abajo. No obstante, para llegar a un llano hay que descender de la montaña, con los peligros que eso conlleva en la oscuridad. Por ello, se aconseja buscar un resalte rocoso sobre el que pasar la noche sentado o acurrucado.

En invierno o cuando las temperaturas descienden mucho, se monta un vivac de fortuna, que Cruz define como un "refugio improvisado". Si no se dispone de manta térmica, el montañero debe taparse con ramas y hojas para formar una pequeña bolsa que con el aire del propio excursionista aislará de la temperatura exterior.

PAULA QUINTANA Madrid 09.07.2009
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