30 oct. 2009

Mount St. Elias

En mayo de 2007, tres montañeros osaron plantearse el ascenso y posterior descenso de la vertical más larga del planeta, el Monte San Elías en Alaska. Una expedición, en la que este trío de aventureros acabó percatándose de que la lucha contra la naturaleza casi siempre termina por convertirse en una lucha contra uno mismo, que incluso hay que perder para acabar haciendo realidad el objetivo final. 

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Mount St. Elias, el documental producido por Red Bull Media House y uno de los platos fuertes del próximo Festival Internacional de Cinema de Muntanya i Aventura de Torelló (Barcelona), aborda el dramático descenso en esquís más largo de la historia (5.489m de desnivel en 25 kms), por delante incluso al del Everest.
La respiración de Axel Naglich, condensada en el gélido aire de la noche, se funde con el haz de luz de su casco, al mismo tiempo que desvela sus miedos, su equipo, y el viaje que queda por delante. Transcurre el mes de mayo en el glaciar Tyndall, donde las temperaturas aún alcanzan los 40º bajo cero. Este contraste nocturno se refleja en el cielo de Alaska, creando un halo alrededor de la silueta del San Elías.
“Un accidente, una caída, y estás muerto”, señala el austriaco, al referirse al descenso esquiando de pendientes que llegan a alcanzar hasta un 65%. Junto al también austriaco Peter Ressmann y al canadiense Jon Johnston, Naglich afronta lo que muchos han tildado de imposible; convertirse en el primero en completar un descenso vertical de 5.489 metros hasta la costa de Alaska, el más largo posible en todo el planeta, superando en más de dos mil metros los 3.483 entre la cima y el campo base del Everest.


Una obsesión hecha película
Debido a su remota localización y a unas condiciones meteorológicas atroces, el San Elías es uno de los grandes desconocidos del montañismo mundial, lejos de los titulares de otras cumbres. Su imponente figura emerge desde el Pacífico, a pesar de las nubes que llegan procedentes del litoral, en múltiples ocasiones intentan oscurecer su magnífica estampa blanca. Coronar su cima es en sí un verdadero test de resistencia. Y plantearse su descenso en esquís, para algunos, una completa locura.
La inspiración para el descenso sobrevino a Naglich, arquitecto de profesión, en el año 2003, cuando sobrevolaba la zona. A partir de entonces, el despiadado San Elías, la cima costera más alta del mundo y una de las áreas más remotas de Alaska, se convirtió en una obsesión para él.
A pesar de las incesantes precipitaciones (las tormentas de nieve pueden prolongarse durante días), de los constantes e instantáneos cambios meteorológicos, y del elevado riesgo de aludes, avalanchas y desprendimientos en un terreno virgen, que obligan a tomarse decisiones en cuestión de segundos que pueden separar la vida de la muerte, Naglich, Ressmann, Johnston y un equipo cinematográfico partieron hacia Alaska en mayo de 2007 convirtiéndose en el primer equipo en iniciar esta expedición después de un trágico precedente, que cinco años atrás se había cobrado dos vidas. Una barrera psicológica más, una dificultad añadida a,
“una decisión seria, considerando las posibles consecuencias. Una vez estás en marcha ya no hay vuelta atrás. Cada paso, cada apoyo, cada giro puede resultar equivocado, y una equivocación eventual puede equivaler a la muerte”.
Desde un punto de vista contemplativo, Mount St. Elias, el primer largometraje del especialista en deportes extremos Gerald Salmina en colaboración con el Red Bull Media House, documenta esta expedición hacia lo desconocido, sostenida por la lucha permanente con la naturaleza y el pulso ante los límites de cada uno.
“La película aborda la relación entre el hombre y la montaña en su forma más extrema y cuestiona por qué el ser humano es capaz de buscar sus límites tan a menudo. Trata además la relación entre el cuerpo y la mente. El retrato emocional sobre la motivación y las habilidades de estos hombres”.
El director y productor George Salamina, contó a sus órdenes con un equipo de especialistas, capaces de captar la cara más negativa e inhumana de la naturaleza, pero a su vez la belleza magnética de un escenario incomparable.
En resumen, 101 minutos de emocionantes estampas de montaña, inéditas hasta ahora, como escenario de una aventura épica que demuestra que la cumbre no siempre es el objetivo final. El documental, que se estrenó el 25 de septiembre, trasciende más allá de los géneros, los límites y la insignificancia del ser humano ante la magnitud de la naturaleza.


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Fuente Nevasport

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