31 dic. 2009

Ruta del Buitre



Hoy nos animamos a hacer otra de las rutas marcadas por el Ayuntamiento de Oviedo y el Fapas.
Cuando la semana pasada hicimos la de la Salamandra, cortamos la del Buitre en dos puntos. Esto nos la puso en el punto de mira para otra jornada. Y ese dia fué hoy.
Nos juntamos Manolo, Mario y yo. Pin hoy no pudo venir ya que tenía vidas que salvar y le venía fatal.
Dejamos el vehículo aparcado en La Vallina, al lado de la ermita del Carmen. Un perraco no paró de ladrarnos desde que llegamos hasta que Manolo, buen pedagogo, convenció al can, que era más rentable conservar los incisivos para poder comer.


Empezamos a correr por la OV-1, sólo unos metros pues en seguida nos desviamos por una pequeña "caleya", que a la derecha desciende hacia El Gayoso.


Entre sus callejuelas estrechas ascendemos hacia Siones, para cortar de nuevo la OV-1, retroceder unos metros, hasta Pozoval o Pozobal, que según la fuente consultada varía la grafía, y fijándonos en el azulejo indicador, tomar una pista hormigonada que asciende a la derecha. Este es el teórico punto de partida de la ruta.
Al poco tropezamos con lo que en su momento debió ser un cartel indicador de la ruta, ahora sumamente deteriorado y abandonado. A nuestra izquierda, abajo, vemos el punto de partida, La Vallina.

 Seguimos ascendiendo, por camino asfaltado, entre castaños de tamaño considerable, que seguro ofrecen buena sombra en verano.

Continúa el camino hasta el Bargueru, donde debemos estar atentos ya que antes de llegar a las últimas casas debemos desviarnos por una senda a la izquierda. Está señalizada por un azulejo. El camino continúa entre prados sin pérdida posible hasta la aldea de Buseco, ya en el concejo de Santo Adriano.



El paisaje, a pesar del día plomizo, es entrañable y auténtico. Poca gente, construcciones típicas de aldeas asturianas aún no prostituidas por el progreso. Carreteras manchadas por el "cuchu" del ganado, y "pites" y perros haraganeando debajo de los "horros". La naturaleza primigenia está en estos lugares casi intacta y se respira la misma forma de vida de hace cincuenta años. No olvidemos que estamos a unos escasos 20 minutos del centro de Oviedo en coche.

 Por carretera ascendemos hasta un collado donde hay instaladas unas antenas de telefonía con paneles solares. Me gustaría ver el Estudio de Impacto Ambiental de esta obra: No creo que tenga nada que ver con el resultado que aquí vemos: Asquito.
 
Descendemos ahora hasta un cruce donde una señal indicadora nos guía hacia Tenebredo. Unos metros más adelante hay que estar atentos, pues debemos dejar el asfalto y meternos por un estrecho camino para llegar a Casabaxo, una pequeña quintana, posiblemente deshabitada.


A partir de aquí ascendemos entre castaños por camino embarrado, tapizado de hojas muertas. Tratamos de buscar las zonas más secas, pero inevitablemente cada poco introducimos las zapatillas en agún pozo fangoso. Así es la naturaleza. Esto es correr por el monte.

Llegamos a Cotomonteros. Aquí nos hacemos un pequeño lío y es que a Manolo, que hace de guía improvisado, la sangre ya no le riega el cerebro con la intensidad necesaria como para andar  hablar y razonar a la vez. ¡¡ Tornia Manolín !!. Gracias a un lugareño que por aquellos lares se afanaba en sacar brillo a su vehículo a motor, retornamos al camino correcto.

A partir de aquí, comenzamos la parte más agreste de la jornada. El paso continuo de ganado hace el camino puro barrizal. Las zapatillas que hasta ahora se habían mantenido a duras penas casi limpias, se mimetizan con la madre tierra. Acumulan barro, agua, y restos vegetales de variadas especies. Sigo diciendo que esto es uno de los atractivos de este tipo de entrenamiento. No te preocupes de la suciedad, existen lavadoras que vuelven a su estado original las zapas, mallas y camisetas. La ducha es nuestra amiga y nos quitará el barro ya seco. Nos recompondrá e hidratará.


Ya olemos el pueblo. Aún tenemos que enlazar con la ruta de la Salamandra. Atravesamos algunos "escallos", saltamos charcos y sorteamos barrizales. Enlazamos con la Salamandra. El camino es conocido. Bajando suavemente llegamos al asfalto y a lo lejos vemos Pando y La Vallina.


Los perros nos esperan ladrándonos, otra vez. El pueblo, la ermita, el tejo y el lavadero y fuente donde limpiaremos nuestras maltratadas zapatillas.


Aún quedan lugares tranquilos. Pueblos donde todo el ruido son los perros y algún tractor que ocasionalmente cruza frente a nosotros. No se oye nada. Se ve, eso sí. Se ve verde, se ve el marrón del otoño muerto, se ve ganado, se ven casas de aldea. Se respira. Aire. Tranquilidad. Paz.


La maquinaria bajo el hórreo con los "pegollos" de madera. Al fondo el viejo Renault 5 TS. Al lado de éste la casa con corredor pintado de gris azul. El gato dormitando.
Una pregunta: ¿Qué es calidad de vida?

 Nos salieron unos 11,00 kilómetros y un desnivel de subida de 460 metros.
La ruta en el Wiki:

El perfil:

Más información de la ruta:

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