26 ene. 2010

El río de la luz.


 
Retomo la llamada literatura de viajes con el último libro de Javier Reverte: El Río de la luz: Un viaje por Alaska y Canadá.
Teniendo como espina dorsal la llamada “carrera del oro” que hacia 1900 se desató en Alaska, y siguiendo los pasos de Jack London, Reverte emprende un viaje por el Klondike y aquellos lugares que un día fueron escenario de aventura, muerte y en el mejor de los casos de descubrimientos de importantes vetas auríferas, que convirtieron en millonarios a sus descubridores.
A medida que discurre el viaje, nos relata la historia de estas regiones, sus descubridores y primeros pobladores, la fauna y sobre todo las vivencias a menudo dramáticas de los buscadores de oro. Es impactante la descripción de las “escaleras doradas” en la frontera con Canadá, donde los buscadores de oro tenían que portear los cientos de kilos de víveres y materiales exigidos por la autoridades canadienses para acceder a su territorio, o de la ruta de los caballos muertos, donde cientos de caballos y mulas morían despeñados o por puro agotamiento.
El descenso del Yukón en canoa, descripciones de pueblos y gentes alcoholizadas, espacios abiertos infinitos, ruinas de lo que fue una avalancha humana sin precedentes, va formando un libro muy entretenido y de agradable lectura..
En este último libro, quizá recurre demasiado a la biblioteca y a las fuentes, y convierte en argumento la propia historia, lo ya escrito, dejando en un segundo plano el viaje en sí. Disfruto con este tipo de libros, te dan a conocer otras culturas, otras formas de vivir, otras inquietudes y otras personas completamente diferentes. En “El río de la luz”, creo que esta característica pasa a un segundo término.
Entrevista al autor:

 Este libro es un "ajuste de cuentas", un "chute de vida" después de cinco años tras su viaje por el Amazonas, donde contrajo la malaria.
Javier Reverte (Madrid, 1944) regresa a la literatura de viajes con un recorrido por Alaska y Canadá a través de 'El río de la luz' (Plaza & Janés), un libro que supone para él un "ajuste de cuentas" después de cinco años tras su recorrido por el Amazonas, donde contrajo la malaria y que "casi" le costó la vida.
"Este viaje de tres meses por Alaska y Canadá ha sido un chute de vida después de aquello, que me desvitalizó mucho y me dejó cansado y con tendencia a la depresión", confesó hoy el autor. A diferencia de 'El río de la desolación', publicado en 2004 rememorando su viaje por el Amazonas, 'El río de la luz' es "todo lo contrario", un libro "optimista, cargado de alegría", apuntó Reverte.
El escritor insistió en que cuando escribe libros de viajes lo que hace es "literatura" debido, sobre todo, a su "pasado lector" en el que imaginaba "vidas llenas de contenido de aventuras". "Para mí, la literatura de viajes no consiste en jugarte la vida sino en asomarte a lo que no conoces. Se trata de saber lo que eres frente a lo desconocido", señaló.

EL VITAL YUKON
La decisión de viajar a Alaska y Canadá llegó, una vez más, gracias a sus lecturas de autores como Jack London, que viajó al río Yukon, protagonista de 'El río de la luz'. Reverte recordó que existe "cierto desdén" hacia London, a quien se le califica de escritor juvenil o de serie B. "No es así, en sus libros habla de pobreza, de muerte, de suicidio... y esto no es literatura para jóvenes", afirmó el autor recordando que Jack London viajó por el Yukon en la época de la fiebre del oro, "aunque no tuvo suerte". "Paradójicamente cuando el escritor regresó a Europa todas sus aventuras en aquella empresa las contó en sus cuentos, y esto le hizo rico", apostilló Javier Reverte.
El escenario que recorre 'El río de la luz' es precisamente éste, el de todos los que en esa época se lanzaron a la búsqueda del oro trepando por montañas impresionantes y bajando por los rápidos del río. El escritor aludió también a la atracción que ha sentido siempre por estas corrientes de agua, especialmente las que son navegables, que, a diferencia del mar, "tienen algo de amigo", indicó.
Este viaje le ha permitido además a Reverte descubrir "el alma" de Jack London, "una persona que tuvo una infancia muy dura y que estaba llena de ternura, de deseos de amor y de cariño", dijo.
MÁS INTELIGENTE
Las sorpresas han estado también presentes. "No esperaba ver lo intensa que es la vida remando, acampando, ese cansancio físico que se convierte en aventura mental. Descubrí una forma de vivir alrededor de este río", admitió.
Precisamente la caída al río fue uno de los momentos comprometidos de la expedición, que Reverte compartió con algunos amigos. "A pesar de otros momentos incómodos, lo mejor es que al final todo se arregla. Esta es la gracia de los viajes, que ponen en juego tu resistencia e imaginación. Te vuelven más inteligente. La gente que viaja menos es más corta. Los políticos deberían viajar más", afirmó.
El viaje le llevó también a descubrir el "fantástico" territorio de Alaska "donde te puedes encontrar un oso en la puerta", aseguró. De Canadá le sorprendió la "tranquilidad" de sus gentes que hacen que este país sea "callado y humilde, lo contrario de los norteamericanos". "Es además una nación muy solidaria, con un gran sentido del respeto a la naturaleza", añadió.
El regreso a Europa de Reverte, desde Montreal a Liverpool, también fue peculiar ya que el autor huyó de los trasatlánticos para 'enrolarse' en un barco de carga. "Tienen un precio adecuado y navegas como un profesional, siguiendo los horarios de la tripulación", explicó.
En sus manos tiene ya su próximo libro de viajes en el que relatará su experiencia reciente en el Ártico. "Aún está por escribir, que es lo que me toca ahora. Como digo siempre, los libros se escriben con el culo, por eso de que hay que estar mucho tiempo sentado", concluyó.

Más aquí: 1,2,3 y 4

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