15 jul. 2010

Los pies

La separación entre cuerpo y mente, este dualismo imposible de evitar, parece incrustada en nuestros genes. Lo digo porque todo hace pensar que los niños observan el mundo desde esa perspectiva, entonces no puede ser algo adquirido. Quizá tengamos esa predisposición que cristaliza en la cultura. Otra pista para argumentar que posiblemente sea innato es su carácter transcultural. Vivimos nuestro cuerpo como una bendición o una condena, quizá la peor es el dolor. Nos puede doler de la cabeza a los pies. Cuánto sinsabor dan a muchas personas los pies, quizá un peaje por nuestra postura erecta. Hemos liberado los brazos, nuestra mejor arma de defensa: asombra la precisión con que lanzamos objetos. Hay más ventajas estructurales, pero baste ésta para justificar por qué nos fue útil ser como somos.

El dolor en la región media de apoyo del talón, que se nota principalmente al iniciar la marcha tras un período de inactividad, pero que también se agrava cuando se camina largamente, sobre todo cargado o cuando se transporta un peso grande, son los síntomas de la fascitis plantar, una entidad clínica incómoda y relativamente frecuente. Cuando se examina el pie se puede desencadenar el dolor con algunas maniobras como la palpación de la inserción plantar de la fascia. Éste es un tejido fibroso que hace solidarios los huesos del pie manteniendo su cierta independencia para poder adaptarse a los movimientos del paso y a los cambios del terreno. Lo mismo que los tendones -su estructura semejante- se puede inflamar, unas veces porque sí, otras porque se le exige demasiado. Y como es un tejido que se regenera mal, porque apenas tiene irrigación, las inflamaciones tardan en resolverse. Una fascitis plantar es una verdadera lata. La mejor noticia es que casi todo el mundo curará en un año, se haga lo que se haga. El caso es cómo aliviar ese tránsito.
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Hace años creíamos que lo mejor para que un tejido dañado curara era el reposo. Si el hígado se inflamaba mandábamos al enfermo a la cama un mes y lo obligábamos a tomar una dieta de protección hepática. La verdad es que el hígado dañado seguía su reparación sin saber que el paciente estaba en la cama. Tampoco se enteraba de que le habíamos quitado no sé cuántos alimentos. Lo peor es que cuando se levantaba, ya curado, tenía una severa atrofia muscular y había perdido incluso hueso. Nos costó más entender que no hace falta reposo, a no ser por el dolor que provoca la actividad, para curar lesiones locomotoras. Lo ideal, cuando se tiene dolor de espalda, es seguir trabajando. Si la labor es muy exigente se debe reducir la demanda, pero no cortarla.

Tampoco es recomendable el reposo absoluto para la fascitis plantar. Tendrá que reducir la actividad en función del dolor y evitar sobrecargar la articulación. Hay varias formas de tratamiento, ninguna ideal, que aquí voy a repasar. Se puede conseguir alivio temporal, de unos tres meses de duración, con ortopedia prefabricada; las hechas a medida no son mejores. Parece que el uso prolongado, por ejemplo un año, no aporta beneficios. Complementariamente, conviene hacer ejercicios específicos de estiramiento de la fascia o de la pantorrilla. Antes de levantarse de la cama, con la pierna estirada, tirar del pie para que se dorsiflexione, puede hacerlo con una toalla o algo así. De esta manera estira la fascia y la pantorrilla. Otros estiramientos fáciles de la pantorrilla son con las puntas de los pies en un escalón elevar y bajar el cuerpo o, bien, sentado en una silla levantar las puntas de los pies mientras se mantiene el talón en el suelo. Para estirar la fascia un buen ejercicio es mover la planta del pie descalza sobre una lata o una pelota. La fisioterapia u otras terapias manuales como la osteopatía no está claro que sirvan para aliviar el dolor y mejorar la funcionalidad. En situaciones agudas, de mucho dolor e impotencia funcional, se puede administrar un corticoide, Dexametasona, a través de la piel por un método especial. Consiste en utilizar una corriente galvánica para hacerlo llegar hasta los tejidos profundos. Se llama iontoforesis, de ion, porque la corriente eléctrica polariza la sustancia, la ioniza y foresis, transporte. Los corticoides pueden producir alivio transitorio y deben ser usados con precaución; bien indicados son estupendos. Cuando la fascitis es rebelde y se mantiene pasados seis meses, se puede intentar un tratamiento con una férula nocturna que mantenga la articulación en la posición deseada. Finalmente, el vendaje del talón o empleando la técnica del doctor Dye, muy popular entre deportistas para evitar la pronación del pie, alivia algo el dolor de la fascitis de manera temporal. En las figuras se ve cómo ya se colocaron las primeras tres cintas rodeando el borde del pie y los segundos vendajes transversales a éstas y cómo finalmente se aseguran con dos cintas. Se preguntarán qué papel tienen los antiinflamatorios. Pues, a decir verdad, no está claro.

Dr. Caicoya
Publicado en la Nueva España

1 comentario:

  1. Bueno pues a mí ya me infiltraron y el año está a punto de caer así que a ver que pasa...

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