9 sept. 2010

Canal de la Raya-Llerosos-Poncebos

o más detalladamente:
 Poncebos-Ruta del Cares- Canal de la Raya-Ostón-Vega Maor-Beresna- Cabezo Llerosos-Beceña-Ondón-Canal de las Bobias-Camarmeña-Poncebos.
¿Cuánto tiempo hacia que no iba al monte simplemente a andar por andar?. Ya no me acuerdo cuando había calzado las botas por última vez, tomado la mochila y tranquilamente ponerse en marcha, sin prisa, sin tiempos... por el placer de disfrutar.
Ayer miércoles, fiesta de Covadonga, era el día señalado para una actividad de este tipo propuesta por Manolo y secundada por Jose y por mí.
Comenzamos a andar a eso de las 9:00 de la mañana, con apenas personas por el Cares, en dirección a Caín, hasta encontrarnos con la embocadura de la Canal de La Raya, la cual tomamos no sin alguna duda y comenzamos el ascenso. La primera parte son piedras sueltas y algún resto de camino, hasta que el camino se desvía a la izquierda.

A partir de este momento el camino se hace mucho más cómodo, más marcado. Poco a poco ganamos metros hasta encontrarnos con el GR-202, la llamada Ruta de la Reconquista, que seguiremos hasta más o menos Vega Maor.
Según nos cuenta Santos, del G.M. Íbice,
"El insigne historiador Claudio Sánchez Albornoz, basándose en las “Crónicas de Alfonso III”, narra como allá por el año 722 de nuestra era, en la batalla de Covadonga el caudillo astur Don Pelayo derrotó a un ejercito musulmán muriendo en la refriega unos 120.000 de sus soldados, entre ellos su comandante en jefe, Alkama. Los alrededor de 60.000 supervivientes del combate, toda vez que debían tener bloqueada la salida por el valle de La Riera y Cangas (por donde habían llegado inicialmente hasta Covadonga), se vieron obligados a huir a la “desbandada” por el único camino posible que se abría ante sus ojos, subiendo hacia la cima del monte Auseva para continuar por el valle por donde actualmente discurre la carretera de los Lagos. Los musulmanes al principio de su huída se verían incesamente hostigados por los cristianos, produciéndose cruentos combates secundarios que darían lugar  a topónimos como “La Huesera”, donde seguramente la matanza debió ser cruelísima, de la que darían cuenta los restos humanos que por allí quedaron esparcidos.
Los supervivientes  alcanzaron Comeya, por cuya amplia vega accedieron a las inmediaciones del lago Ercina, para posteriormente salir a la Vega de las Mantegas y a continuación a la majada de Belbín. Continuaron su errática huida por todos estos valles atravesando por las vegas de La Güelga, Arnaedo, pasando por el collado de Sierra Buena para salir a la majada de Ostón, donde se encontraron  con la terrible “brecha del Cares”, garganta que separa el Cornión del Macizo Central y a los que sobrecogió la profundidad de esta estrecha, cerrada e inaccesible hoz.
Empujados en su huida hacia el Sur, en el afán de encontrar tierras de orografía  más benigna, posiblemente al anochecer  del mismo día del combate o en la madrugada del siguiente día, los musulmanes se vieron obligados a descender desde Ostón por la Canal de Culiembro, por donde llegarían a la majada del mismo nombre (la relativa benignidad del terreno  en esta zona del desfiladero, favoreció que antiguamente Culiembro llegara a convertirse en un pueblo, con iglesia incluida). Salvar el obstáculo que suponía el río Cares en este punto, debió suponer el momento más angustioso y crítico de la huida de los musulmanes a través de aquellas montañas, que debieron pensar se hallaban en un callejón sin salida.
Una vez alcanzado el cauce del Cares, su única salvación estaba en trepar y trepar sin cesar entre tanto desnivel, lo que llevó a la muerte por despeñamiento de otro buen número de musulmanes. Así pues, tras cruzar el río a la altura del Puente Pando afrontaron el ascenso del Macizo Central, pasando a la Canal de Piedra Bellida hasta ganar los puertos de Amuesa. Luego por un terreno algo más favorable, y creyéndose seguros de haber dejado atrás las huestes cristianas, prosiguieron por la Canal de Amuesa a salir al valle de Bulnes y Pandébano, tomando seguidamente  el cauce del río Duje y atravesando las grandes vegas de Áliva. Por Espinama alcanzaron tierras cántabras, saliendo a Cosgaya al oscurecer del día siguiente al del combate, y donde según relatan las crónicas, el lugar donde les sobrevino un pavoroso desprendimiento de tierras y piedras, que acabó por sepultar bajo el cauce del río Deva y acabar con la vida de los infortunados supervivientes."

Hay alguna nube en el cielo, pero el día es extraordinario. No hace excesivo calor y la luz del otoño es estupenda para sacar fotografías.
Subimos a un collado y empezamos a "derivar" hacia la derecha, sin perder altura. Tenemos que llegar a la majada de Beresna, con su impresionante cueva y cabañas abandonadas. Según cuenta Ballesteros Villar:
" Majada a la que venían todos los vecinos de Inguanzo. Durante el verano se convertía en un pueblo. Aquí se elaboraba un queso especial, muy duro y ahumado con la quema de inabios y gorbezos. Es un rincón precioso, adornado con el pico que vemos y la gran cueva. En ella se curaba el queso."
Seguimos nuestro camino procurando no perder la referencia del collado que ya nos dará acceso a Cabezo Llerosos. La subida a este pico es muy fácil, sin problema alguno, por un sendero marcado por el paso de cientos de excursionistas.
Las vistas desde arriba son grandiosas, y las nubes amenazadoras que se nos acercan completan un paisaje de película.
Empujados por el frío descendemos y tratamos de llegar a Beceña por un terreno muy caótico y algo complicado de andar, lleno de jitos que pueden confundir y de calizas cortantes. Una vez en la majada de Beceña, continuamos el camino que nos llevará a Ondón
Paramos en esta bonita majada para reponer fuerzas, y charlar un rato. No nos queda mucho camino, es pronto y se respira tranquilidad.
La canal de las Bobias es el camino que nos llevará otra vez a Poncebos. Es empinada y bastante larga, salvando un desnivel de unos 800 metros. Transcurre entre árboles, prados, por buen sendero, aunque algunos tramos, sobre todo en la parte superior, están muy erosionados por el agua.
Hermosas vistas del Urriellu nos acompañan en el descenso.

En 50 minutos nos saluda Camarmeña y desde aquí, por carretera en zig-zag llegamos a Poncebos donde nos refrescamos con unas cervezas.

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