10 sept. 2010

Las trampas de Christian Stangl

Christian Stangl. Foto kleinezeitung.at
La tecnología ha acudido en ayuda de la ética montañera en el caso de la falsa ascensión de Christian Stangl al K2, confesada por él mismo en rueda de prensa ayer. Elementos tan fríos como los ausentes tracks de gps o la manipulación informática de la fotografía de cumbre han sido claves para desenmascarar al tramposo austriaco.
Hasta entonces, Stangl había más o menos conseguido manejar la polémica hasta dejarla en el pantanoso terreno del “su palabra contra la mía”, escudándose en la enemistad surgida con Gheorghe Dijmarescu, el jefe de la expedición de la que él empezó formando parte. De hecho, todo empieza con su separación del resto del grupo -formado por Dijmarescu, su mujer Lakpa y Zsolt Torok, además de tres porteadores y un cocinero pakistaníes-, después del fallido intento de cima del 6 de agosto.
Anuncio de cima y primeras dudas
El 13 de agosto, Stangl anunciaba que había hecho cumbre el día anterior, en un ataque rápido en solitario de 70 horas. Adjuntaba una fotografía de cumbre y justificaba el no aportar más imágenes o más claras por culpa del mal tiempo.
El día siguiente, el kazajo Maksut Zhumayev se erigía en portavoz de los alpinistas presentes en el campo base para cuestionar la veracidad de dicha ascensión: “Nadie de los que han vuelto de la ruta de los Abruzzos ha visto sus huellas o señales de que las cuerdas hubieran sido utilizadas, y sus pertenencias seguían intactas en el C2 y en el C3”, escribía en su blog este alpinista con 13 ochomiles a sus espaldas.
La narración de Zsolt Torok
Otro de los miembros de la expedición de Stangl, el rumano Zsolt Torok realizó una exhaustiva descripción de lo acontecido durante los días de la supuesta ascensión del austriaco, levantando más y más sospechosas. Torok explica cómo Christian Stangl decidió atacar el K2 en solitario, yéndose el 10 de agosto por la tarde del campo base con la idea de dormir en el campo base avanzado esa noche, llegar al C3 al día siguiente y a la cumbre el otro.
“No se llevó walkie-talkie porque decía que pesaba demasiado”, señalaba Torok. Él mismo y los Dijmarescu partieron el 13 de agosto a la 1 h de la madrugada en un nuevo intento, con la sorpresa de no encontrarse a Stangl por el camino. Los Dijmarescu durmieron en el campo base avanzado y se dieron cuenta de que allí no había dormido nadie; Torok llegó al C1 y al C2, sin encontrar huellas de nadie. Tardó dos horas en acceder a su propia tienda en ese último campo, cubierta por la nieve.
Los porteadores se adelantaron al día siguiente hasta el C3, donde encontraron los piolets de Stangl como los había dejado en su anterior intento y la tienda plegada. No vieron ninguna huella y no fueron capaces de llegar al C4, por culpa de un manto de nieve que les llegaba a la cintura.
Regreso al CB por sorpresa
Mientras el resto de sus ex compañeros se encontraban en la montaña, Christian Stangl apareció de nuevo en el campo base, a las 6 h de la mañana del 13 de agosto, diciendo que había llegado a la cima. Nadie lo había visto bajar, ni por la ruta de los Abruzzos –donde estaban Torok y Dijmarescu- ni por la ruta Cessen –donde seguían los kazajos y los polacos. Dijo al cocinero que estaba cansado para no enseñarle en ese momento la foto de cumbre, pero en un rato ya había empaquetado sus cosas y partía de vuelta hacia Concordia.
Unos días después, los porteadores encontraron escondidos bajo unas piedras alejadas del campo base avanzado su saco de dormir, su tienda, un piolet, comida, un cazo, una esterilla y un libro de 370 páginas de un escritor austriaco… “Un walkie-talkie era demasiado pesado, pero se llevó un libro de 370 páginas para ascender el K2…”, se exclama Torok, quien concluye que “el hombre simplemente se alejó un poco del campo base avanzado, acampó, permaneció allí un par de días, leyó el libro que trata sobre una familia persa y a las 6 h de la mañana regresó al campo base pretendiendo haber alcanzado la cumbre”.
El Pakistan Alpin Club denegó el certificado de ascensión a Stangl, que no se presentó en las oficinas del organismo, sino que fue representado por Dijmarescu como responsable de la expedición.
Las excusas de Stangl
Has el momento justo de su confesión de ayer en rueda de prensa, Christian Stangl tildaba de “totalmente absurdas” las dudas, críticas y acusaciones vertidas sobre su ascensión. Llegó a inventar un completo resumen de la ascensión en el que hacía encajar a su conveniencia todas las piezas sueltas.
Según él, el 10 de agosto durmió en el campo base avanzado hasta medianoche, para poder progresar durante las horas más frías y evitar así la caída de rocas. Además, aseguraba que había almacenado su equipo lejos del campo base avanzado para evitar que fuera barrido por una avalancha.
El 11 de agosto, Stangl asegura que llegó directamente hasta el C3, saltándose el C1 que ya no existía y el C2, y viendo huellas de anteriores ascensiones. Da detalles incluso sobre las buenas condiciones de la ruta, sobre nieve dura y roca, y sobre el tiempo, con una leve nevada nocturna y claro por la tarde.
Dice haber permanecido 10 horas en el C3 antes de atacar cumbre, ya el 12 de agosto, cuando las únicas dificultades que encontró estaban en la nieve profunda de poco antes del Hombro, aunque una vez allí las condiciones eran “muy buenas”. Además, se defiende de quienes dudan que pudiera escalar el Cuello de Botella sin cuerdas fijas: “el Cuello de Botella no es muy empinado (50º) y es escalable –no es difícil, sólo peligroso”.
De este modo, dice haber hecho cumbre. “Arriba hacía viento, estaba asustado por el serac y el tiempo; escalé lo más rápido que pude, con la esperanza de evitar la niebla en el camino de vuelta”, comenta, y añade que “no hubo tiempo de disfrutar del momento”. Esta afirmación le justificaba, según él, de no haber podido realizar más fotografías de cumbre y de la mala calidad de la existente.
El reporte continúa con el descenso, que le llevó pronto al C3, “a pesar de la mala visibilidad”. Allí, dice, se paró poco tiempo y no descansó en la tienda, que volvió a plegar para que sus compañeros la tuvieran a punto en su siguiente intento. También sostiene que dejó allí su material, ya que no iba a necesitar los piolets en un descenso totalmente equipado hasta el campo base avanzado.
Para explicar que no se encontrara con ninguno de sus compañeros en plena ascensión, Stangl asegura que por debajo del C1 dejó la línea de cuerdas fijas para desviarse por el couloir a la izquierda de los Abruzzos, que ya había recorrido en un par de ocasiones y que sabía que no tenía nieve –por eso no necesitaba piolet- y que estaba protegido de la caída de piedras, aunque era difícil de escalar. Quedó dormido allí, a 5.600 m, y siguió adelante a primera hora de la mañana para llegar a las 6 h al campo base.
Reflexión de Stangl
Simulando estar sumido en la indignación, el alpinista austriaco señalaba que “la situación me recuerda historias anteriores como las de Jorge Egocheaga o incluso Oh Eun-sun: alguien te cuestiona y la historia va a más. Incluso publicar fotos de cumbre no ayuda, siempre habrá alguien que tenga dudas”. Por todo ello, se negaba a dar más fotos, tracks de gps o datos, y utilizaba una cita literaria en la que aseguraba que “no escalo para nadie más que para mí”.
Así las cosas, la polémica se mantenía en un punto casi muerto, con dudas más que razonables sobre la veracidad de la ascensión. Hasta que la tecnología ha terminando por dar la puntilla en forma de pruebas tecnológicas a favor de la ética en la montaña.
Dos análisis, la misma conclusión
Varias webs especializadas han sometido a la fotografía de cumbre de Christian Stangl a un minucioso análisis, para llegar siempre a la conclusión de que la foto parece ser falsificada. El blog K2 The Savage Mountain advirtió la falta de la información EXIF original de la fotografía difundida por Stangl. En esa información, que incorporan todos los archivos fotográficos producidos por cualquier cámara, se almacenan la fecha y hora en la que fue tomada, el modelo de cámara, la apertura y otros detalles que en algunos modelos pueden llegar a incluir la posición gps.
La información EXIF de la imagen en cuestión contempla el hecho de que fue guardada en Photoshop, lo que hace surgir más dudas sobre su veracidad o su posible manipulación. A partir de ahí, dicha web ha analizado al detalle los pixels de la imagen, descubriendo una sospechosa línea vertical oscura cerca del margen izquierdo seguida de unos pixels más claros que podrían corresponder a los límites del fondo original en la superposición de otra fotografía como fondo de la figura del alpinista.
Por otro lado, ExplorersWeb consiguió resaltar los detalles del inexpresivo fondo de la fotografía de Stangl y compararlos con su archivo de fotografías de otras expediciones. Finalmente, consiguieron hacer coincidir casi a la perfección el fondo de la fotografía del austriaco con la imagen que otra expedición había publicado del C3.
Estos espectaculares resultados invitan a la reflexión sobre la necesidad de que el deporte del alpinismo se dote de mecanismos tecnológicos de estas características para evitar la picaresca y las grandes polémicas.
K2, dos años de sequía
Mientras tanto, el K2 suma su segundo año sin ascensiones registradas. Los últimos en alcanzar la cima fueron los diociocho alpinistas de distintas nacionalidades que lo hicieron el 1 de agosto de 2008, con Alberto Zerain entre ellos, siete de los cuales fallecieron en el fatídico descenso. Desde entonces, Jorge Egocheaga ha sido quien ha estado más cerca, el verano pasado, cuando se quedó a escasos 14 metros de la cima.
Desnivel

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