23 sept. 2010

El Everest de las cuevas

Un equipo de británicos y asturianos conecta el Pozu'l Hitu con la cueva de Culiembru, la mayor travesía subterránea de España, en los Picos de Europa, tras 30 años de exploraciones
Ignacio Pulido
 Existe una Asturias aún desconocida. Una Asturias subterránea que cada año ofrece nuevos hallazgos y en la que se han sentado los horizontes de la exploración espeleológica actual. Hace apenas unas semanas, en los Picos de Europa, a más de mil metros de profundidad, se alcanzó uno de los hitos del espeleobuceo al conseguir hallar la conexión entre el Pozu'l Hitu y la cueva Culiembru. De este modo, se puso fin a tres décadas de expediciones iniciadas por el Club de Espeleología de la Universidad de Oxford.
En 1979, el equipo del Club de Espeleología de la Universidad de Oxford localizaron el Pozu'l Hitu en Vega de Ario. Apenas dos años más tarde, los británicos lograron alcanzar una galería sumergida a más de mil de metros de profundidad. Desde entonces, comenzó a plantearse la posibilidad de que la caverna llegase al Cares, concretamente a la cueva Culiembru, cuya exploración, aguas arriba, se inició en 1986. Dicha teoría fue corroborada años atrás mediante el empleo de trazadores químicos. Finalmente, tras la sucesión de varias campañas de exploración, el pasado mes de julio los británicos y el Grupo de Espeleología Gorfolí lograron por fin conectar ambos sistemas tras superar la cuarta galería sumergida, que había sido la frontera de las últimas expediciones.
Xesús Manteca, primer español en formar parte del Cave Diving Group de Gran Bretaña, miembro del GE Gorfolí y coordinador de «Al filo de lo imposible», estuvo allí. Desde 1980, este castrillonense dedica su tiempo a la exploración de cuevas. La de Culiembru ha sido una de las grandes hazañas de su carrera. «Explorar una cueva de estas características es como escalar un 8.000 con la diferencia de que el escalador ve por dónde va mientras que el espeleobuceador está rodeado por la más absoluta de las oscuridades. Ni siquiera ve su mano a milímetros de su cara», matiza Manteca.
Él, junto a otros once espeleobuceadores, permaneció durante quince días en los Picos de Europa con el objeto de unir físicamente ambas cuevas. «Entrábamos de dos en dos o de tres en tres. La permanencia máxima en el interior de la cueva fue de diecinueve horas», precisa el consumado espeleólogo, el cual comenta que la complejidad de Culiembru obliga a nadar, bucear, remontar cascadas, bajar pozos, escalar y atravesar pasos estrechos. «Entre el Pozu'l Hitu y la cueva Culiembru hay 1.381 metros de desnivel», subraya.
Ignacio Pulido
Uno de los ambientes más hostiles al hombre.
Así es el subsuelo. «Las aguas suelen estar por debajo de los doce grados centígrados, se bucea en galerías completamente inundadas sin escapatoria, nos enfrentamos a altas presiones y tenemos que utilizar mezclas especiales en nuestras botellas», comenta el castrillonense, quien señala que uno de los principales problemas a la hora de afrontar retos como el de Culiembru es la logística. «El límite de cada incursión te lo marca la cantidad de gas que lleves. Empleamos un tercio para avanzar, un tercio para regresar y el resto de reserva», afirma.
A todo esto se suma la completa incomunicación en la que se mueven los espeleobuceadores. «Empleamos un código de señales, pero habitualmente buceamos solos. La presencia de dos personas en una galería inundada aumenta el riesgo de que tengan lugar accidentes», afirma el miembro del Cave Diving Group. Totalmente autónomo, ni más ni menos. Ése es el requisito que todo espeleobuceador debe admitir. «Cada cual asume sus riesgos», recalca.
En 1969 el hombre puso el pie en la Luna, pero tuvo que esperar cuarenta años más para alcanzar el punto más recóndito de Culiembru. «Este tipo de avances se producen todos los veranos. En Asturias hay muchas cuevas sin explorar. Los Picos de Europa son el "Himalaya" de la espeleología», enfatiza Manteca. Y es que, desde que a finales de la década de los 50 se iniciase la exploración del subsuelo asturiano, aún no se ha cubierto ni el ecuador del camino. «El verdadero reto es que aún queda más de medio siglo de exploraciones», advierte.
Ignacio Pulido
LNE

1 comentario:

  1. Muy interesante todo esto de las cuevas.
    Hasta hace poco no estaba muy interesado pero al visitar las cuevas del Soplao me ha picado un poco el gusanillo.
    Por cierto ,sigo sin poder pasar a tu blog a traves del enlace.
    Gracias por tus palabras de ánimo y un abrazo.

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