24 oct. 2009

El Ogro

Casi literalmente copio una entrada de una de mis páginas favoritas, Kuriosos, sobre la lucha del hombre en la montaña. 

La guerra entre hombre y montaña es milenaria. Una victoria de un hombre que hizo historia al doblegar una de las montañas más peligrosas del mundo: el “Baintha Brakk” conocida también como ‘El Ogro’, por el respeto que suscita. El británico Doug Scott la coronó por vez primera y , con ambos tobillos fracturados por accidente, la descendió durante 7 días reptando y deslizándose en lo que se considera una de las mayores hazañas del alpinismo.
“El Ogro” es una montaña muy escarpada de 7,285 metros situada en una sub-cordillera del gran Karakórum (en turco: “pedregal negro”). Su nombre hace honor a su leyenda y sus formas (su cara este es una gran pared vertical de roca) han intimidado y coqueteado con decenas de alpinistas. Muy pocos osaron desafiarla y la mayoría salieron derrotados en su sometimiento. Sólo 2 expediciones de las más de 20 organizadas a lo largo de la historia han conseguido hollar su cumbre. Doug Scott y su compañero Chris Bonington (dos de los mejores alpinistas de la historia) fueron los primeros en ‘pinchar’ la bandera británica en la cabeza del Ogro. La expedición organizada para el verano de 1977 y que alcanzó la cumbre el 17 de julio la completaban Mo Anthoine , Clive Rowland, Nick Estcourt, y Tut Braithwaite; los mejores alpinistas del momento y que prepararon un ataque conjunto y por varios flancos para intentar doblegar el pico.


Tuvieron que pasar más de 30 años hasta que otra expedición lograra coronar de nuevo “El Ogro”. El 21 de Julio de 2001 un grupo de alpinistas alemanes (Urs Stöcker, Iwan Wolf, y Thomas Huber) lograron alcanzar la cima pero por una vía mucho más sencilla que la de los ingleses.
El cúmulo de desgracias y accidentes de la expedición pionera convirtieron la empresa en una aventura inolvidable muestra de la tenacidad y empeño de un par de hombres por doblegar a la gran ‘bestia’. El primer intento de alcanzar la cima después de levantar el campo base fue por la perpendicular al gran espolón central. Una pared de roca de más de 1500 metros de altura que intimida sólo con ver su sombra. Al intentar avanzar, el desprendimiento de una piedra impacta en la cadera de Tut Braithwaite produciendo una dislocación y la primera de las bajas de la expedición.


El segundo intento se produciría por el flanco oeste, no tan vertical pero tampoco menos peligroso por la presencia de grandes seracs‘ mezclados con roca y hielo. Por ahí el grupo logro establecer un campamento a 6.400 metros de donde poder organizar el asalto final a la cumbre oeste para más tarde acometer la principal.
A la cumbre oeste partieron Doug Scott, Chris Bonington, Mo Anthoine, Clive Rowland logrando hollarla, no sin dificultades, el 15 de julio. Muy animados por el éxito deciden ‘rapelar’ hasta el collado que separa la cumbre oeste de la principal y vivaquear allí en una cueva de nieve construida por ellos y asaltar la principal a la madrugada siguiente. Mo Anthoine y Clive Rowlandlos abandonarían el intento por falta de energías.

El 17 de julio tras más de 15 horas seguidas de escalada Doug Scott y Chris Bonington hacen cumbre por primera vez en el ‘Baintha Brakk’ sin percatarse que la noche acechaba sin tregua, convirtiendo el descenso hasta el collado en una peligrosa aventura. En el primer rápel Doug Scott se resbala y queda colgado de la cuerda. En el péndulo de recuperación calcula mal y da con sus huesos en las rocas; resultado: gafas rotas, dos tobillos fracturados y la sensación de haber cavado allí mismo a 7.200 metros su tumba. Panorama muy sombrío.
Tras los gritos de dolor el silencio. No podía apoyar los pies de ninguna de las maneras. Por unos instantes Doug pensó que era el final. No habría posibilidad de que su compañero cargara con un inválido hasta el campamento base. Decidió reptar, decidió luchar.
A la mañana siguiente, tras dormir en una repisa, Doug y Chris iniciaron un descenso que duraría más de 7 jornadas completas. Su escasa velocidad y la falta de ritmo hizo que sus compañeros del campo dos les dieran por muertos e iniciaran erróneamente la retirada. Sólo sus compañeros Mo Anthoine y Clive Rowlandlos que permanecían aún en el collado, pudieron unirse a la pareja en la parte final del descenso.
Los tramos se combinaban. Unas veces, las menos, Chris cargaba como podía y a sus espaldas con el maltrecho Doug. Otras, Doug se deslizaba sobre sus rodillas y ayudado de la cuerda y la pendiente rapelaba muy despacio hacia el vacío. Cuando la pendiente amagaba con suavizarse Doug reptaba con sus codos y se desplazaba, muy despacito, en posición horizontal. Los últimos cinco kilómetros los hizo también a cuatro patas (sobre sus rodillas) destrozándose las rótulas y las muñecas por el inusual rozamiento.


Pero los accidentes no habían terminado. Tras dos jornadas refugiados por una fuerte tormenta en una cueva de nieve y en las que Chris contrajo una severa pulmonía, continuaron con el descenso. Las debilidades del nuevo enfermo le hicieron más impreciso y acabó por romperse un par de costillas en una caída fortuita. Ya eran dos los impedidos.
Al séptimo día llegaron, maltrechos, al campamento base donde todos les daban por muertos, y donde todavía les quedaba por vivir el último contratiempo después de esperar un largo tiempo a las asistencias. Al subir al helicóptero de salvamento, éste se precipitó al vacío sufriendo un aparatoso accidente, afortunadamente sin víctimas pero que demostró que, por esta vez, la suerte acompaño al hombre hasta el final. La batalla con ‘El Ogro’ se había ganado pero la guerra con la montaña sigue aún vigente.



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