12 feb. 2010

Desde Oviedo a Olloniego por Picullanza y vuelta por Vegalencia

Tengo un amigo que es un poco raro. No sabe porqué razón las ruinas, zonas abandonadas y desahuciadas tienen sobre él una atracción que supera lo que simplemente podría llamarse “morbo”. Indefectiblemente siempre le da por pensar en las personas que hace años vivieron o trabajaron en ese lugar, sus condiciones de vida y qué será de ellos en este momento. Trata de razonar el motivo del abandono del lugar buscando las escasas pistas que, con un fugaz paso por el lugar, pueda encontrar.
Albino, que así se llama mi amigo, ve muchas de estas construcciones cuando corre por zonas un poco alejadas del centro de la ciudad donde reside: Fábricas abandonadas con las chimeneas de ladrillo a punto de caer, casas decrépitas cuyos herederos ni saben que existen, escuelas antiguas, minas o canteras que un día fueron motor económico de una comarca, vida de un pueblo o simple sustento de una familia.
Dice que le gusta la soledad, pero yo creo que lo que le gusta es sólo estar solo, y que por esa razón se ve atraído por esos espacios vacuos y sin vida.
En fin, siempre me está dando la paliza con estas cosas y buscando en Google información sobre las cosas que fueron y ya no son. Cada poco me aparece con información sobre tal o cual ruina que vimos hace unas semanas mientras entrenábamos y me cuenta su historia, no sé si aderezada con su escasa inventiva, o real encontrada en el inframundo de la red de redes donde todas las cosas estan y viven.
Y lo menos bueno, cada poco me envía fotos, enlaces y noticias que hablan de personas solitarias, instalaciones desmanteladas o lugares inhóspitos e incluso otros olvidados y perdidos, que abarrotan mi correo.
Salimos del Parque de Invierno por la ya archiconocida y sobresaturada senda de Fuso, pero con la intención de abandonarla en la antigua estación de La Manjoya tomando un camino que sale a nuestra izquierda y que esta señalizado como “Senda fluvial”. Atravesamos la urbanización de la antigua fábrica de explosivos y al fondo seguimos la carretera que nos conduce a Casielles. Estamos solos.
Pasamos por el kilómetro 3,00 y la carretera empieza a subir con una pendiente imposible, que al cabo de unos 200 metros se modera. Vamos por carreteras estrechas, entre robles y castaños, siempre ascendiendo. En cada cruce hay un cartel indicador de la ruta. En una de estas bifurcaciones, dejamos a la derecha Casielles y entramos en el trazado del Camino de Santiago, que pasando por Picullanza, no abandonaremos hasta Olloniego.

El camino alterna asfalto y tierra. En Olloniego, después de cruzar el puente, giramos a la derecha sobre el paseo fluvial del río Nalón. Por la margen izquierda del río y en completa soledad llegamos a Vegalencia. Seguimos hacia la central Térmica de Soto de Ribera y por aquello de no perder altitud, nos salimos a la carretera general. No es mucho trayecto, unos 600 metros de tragar humos de coches.

Un poco más adelante del acceso al autopista nos metemos en un tunel por debajo de la misma que nos lleva a El Condado, con su iglesia y escuelas en ruinas. Giramos y nos encontramos con el bosque de La Zoreda, antiguos talleres de la fábrica de explosivos que cruzamos entre cascotes, muros con pintadas y árboles que nos arropan.

Desembocamos de nuevo en la estación de La Manjoya y desde aquí a Oviedo, un paseo.
La ruta en el Wiki:




Perfil de la ruta:

1 comentario:

  1. Muy buen recorrido.A mi tambien me atraen las ruinas,tienen algo especial.
    Un abrazo.

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