19 may. 2010

«Seguiré en la montaña, es mi vida»

Edurne Pasaban corona la cima del Shisha Pangma, su último 'ochomil'. :: AL FILO
Las preocupaciones diarias llenan el tiempo del común de los mortales: préstamos, trabajo, hijos... Sin embargo, siempre existe un puñado de personas que deciden dotar a su existencia de un carácter singular. Se marcan una meta y no se detienen hasta que la consiguen. O se quedan en el intento. Los alpinistas son de esta especie. Y si el objetivo no es sólo subir alguna de las montañas más altas del planeta sino todas, el empeño absorbe por completo sus energías hasta el punto de no pensar en nada más. Así que cuando logran alcanzar la meta, a los inmediatos sentimientos de emoción y felicidad les suelen suceder otros más intangibles de vacío e incredulidad. Hasta que, por fin, lejos ya de los focos, llega la gran pregunta: Y ahora ¿qué?
Edurne Pasaban aún está en la primera fase. Ayer mismo llegó al campo base y ni tan siquiera había pisado la civilización. Todavía tardará unos días en bajar de esa nube en la que se subió en la cima del Shisha Pangma. «¿El futuro? ¡Qué preguntas me haces ahora! De momento voy a disfrutar de este instante, lo voy a celebrar con mis compañeros y mi familia y ya llegará el momento de hacer planes», aseguraba la alpinista con los pies recién puestos en el campo base. «Estoy muy contenta, feliz por haber hecho un 'ochomil' más».
Amigos en el recuerdo
Tras la fiesta y el homenaje, dos proyectos comenzarán a llenar su cabeza más pronto que tarde. Ambos, por cierto, dejaron de ser un secreto hace ya tiempo: el Everest sin oxígeno y la maternidad. Para el del Techo del Mundo incluso ya hay fecha: la próxima primavera. Edurne quiere sacarse «esa espina del Everest» y, de paso, completar los 14 ochomiles sin oxígeno. «Cuando los subí hace ya nueve años no tenía la experiencia que tengo ahora. No sabía si podía hacerlo sin oxígeno. Ahora ya sé que puedo», explica. Así que su «decimoquinto ochomil», como aseguró a este periódico en una entrevista hace un año, no será la maternidad, que deberá esperar.
Ayer se acordó de mucha gente, compañeros de cordada que ya no están. «Muchos amigos se han quedado en la montaña. Tengo una lista demasiado larga». Y evocó los nombres de «Loro, Zubi, Saralegi, Iñaki Ochoa de Olza y Tolo», que murió en el Annapurna. «Para ellos va ese recuerdo especial», deslizó. Aún le cuesta asimilar la grandeza de la gesta completada. Sigue ahí arriba, en las nubes, cerca del cielo. «Cuando llegue a Katmandú el viernes quizás me termine de dar cuenta de que ya he concluido el proyecto por el que tanto he luchado».
¿Y después? Además de continuar con la gestión del agroturismo y restaurante que tiene en Zizurkil, la tolosarra no quiere perder su vinculación con la montaña. «Seguiré porque es mi vida. No me imagino dejarlo. La vida la concibo llena de retos, que hay que ir sacándolos adelante. No me veo sin hacer montaña ni dejar de venir al Himalaya». También le gustaría trasladar a otras personas su experiencia vital en los 14 'ochomiles' para que les sirva de ayuda en su día a día. En realidad, esto lo viene haciendo ya en los últimos años con las conferencias que imparte, más que nada en empresas, sobre motivación y trabajo en equipo.
Ni al K-2 ni al Annapurna
Pasaban confiesa que subió el Shisha «con muchísima tensión», de la que ya se ha desprendido tras pisar el campo base. La guipuzcoana reiteró su compromiso con el alpinismo, aunque hay cimas que no quiere ver ni en pintura. Confiesa que jamás regresaría al «K-2 y el Annapurna» y que sí revisitaría el «Cho Oyu, una montaña tranquila».
Edurne llegó ayer junto con el resto de compañeros al campo base y dio por concluido así el descenso del Shisha Pangma. Tras dejarles comerse dos buenos platos de garbanzos y darse una buena ducha, el doctor de la expedición, Pablo Díaz-Munío, realizó un chequeo completo a los alpinistas. La que mejor llegó, «de nuevo», fue «la reina», según explicó el médico. «Ya en el Annapurna bajó la más entera y, esta vez, también». La tolosarra tiene una conjuntivitis, «aunque ya sabemos por experiencia que responde fácilmente al tratamiento».
El grupo pasó una buena noche. Sobre las 7 de la mañana partieron del campo 2, tras desmontar todas las tiendas y hacer las mochilas. En poco más de dos horas estaban ya en el campo 1 (6.200 m.). Una vez recuperadas las fuerzas, continuaron el descenso hacia el campo base, donde Edurne Pasaban, Asier Izagirre, Alex Txikon y Nacho Orviz llegaron pasadas las dos de la tarde. Bajaron «radiantes», según contaba el equipo de CB. «¡La 'prota' está simplemente feliz!», relataba Díaz-Munío. Y entonces cayeron lágrimas de felicidad
Elcorreo.com

2 comentarios:

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