7 mar. 2011

Alquimia


Una de mis costumbres más arraigadas, ya desde la tierna adolescencia  es escuchar la radio, sobre todo antes de dormirme. Podría pasar sin casi cualquier cosa, pero me supone un problema no escuchar la radio por la noche. Es algo que me relaja y sin lo cual me pongo muy nervioso, intranquilo y no soy capaz de conciliar el sueño.
En circunstancias normales no hay problema ninguno ya que siempre tengo a mano algún receptor con el que disfrutar en cualquier momento. El problema surge cuando toca dormir lejos de casa, lejos de algún núcleo urbano, lejos de cualquier sitio, allí donde las ondas no llegan al receptor. Puedo llevar música en el Mp3, pero no es lo mismo. Refugios de montaña, albergues lejanos, vivacs en el monte... son mi "zona cero" nocturna.
¿A qué viene esto?. El sábado pasado corriendo con los cascos en las orejas, escuchaba "No es un día cualquiera". Todo perfecto, pero a medida que el camino se esconde en valles, en pequeñas gargantas, o simplemente que me alejo de algún núcleo importante, la señal se va perdiendo y escuchar el programa se vuelve. cuando menos, irritante.
Hace unos pocos años se me abrió el cielo con los podscats.Tengo la costumbre de llevar grabados programas de radio en el ipod. Programas como La rosa de los vientos de Onda Cero, A hombros de Gigantes de Rne etc. programas atemporales, ligeros, entretenidos que me hacen las delicias durante horas.
Así que paré de correr y puse un capítulo de La rosa de los vientos.  Uno de los apartados del programa hablaba de un tipo llamado Karl Malco  que durante la II Guerra Mundial intentaba fabricar oro para los nazis, en el campo de Dachau.

Contaba un poco la historia de estos experimentos y la vida posterior del alquimista en cuestión. No es que la historia en sí fuese muy interesante pero me dió que pensar.
Por asociación de ideas empecé a pensar en qué es un entrenamiento: Moldear o modelar un cuerpo más o menos grasiento, pesado y adocenado para convertirlo en una máquina engrasada capaz de hacer kilómetros y kilómetros sin lesionarse y lo que es más, disfrutando de las distancias, de las subidas y de las bajadas, de los charcos, el barro, el agua de la lluvia. Una mezcla precisa de volumen e intensidad, de series en pista y tiradas largas, aliñado con una correcta alimentación, un reparador descanso, una pizca de motivación, una nube de fuerza mental y constancia, servido al final con una salsa de ilusión y de pensamiento positivo, hace convertir, sin duda alguna, una piedra en oro puro. Es la alquimia del entrenamiento, la piedra filosofal que transmuta una piltrafilla en un tipo sano y alegre.
Y es que tanto tiempo corriendo da tiempo para pensar en muchas cosas.
35 kilómetros da para pensar en eso y más cosas.  Voy subiendo el volumen, y lo que al principio pensé poco menos que imposible, ahora lo hago con cierta facilidad. Además de la distancia el desnivel de 1300 metros de subida le daba cierta gracia a la fórmula.
Salí del CAO y tomé la dirección de S. Miguel de Lillo y bajé hasta el Camino de Santiago, Lloriana, Puente Gallegos, El Escamplero, Valsera y vuelta hasta Puente Gallegos, Periurbano, Brañes, por el Camino Real hasta el Violeo, Boquerón de Brañes, La Peña, Contriz, Pico Paisano, y por la carretera de nuevo al Cao.

3:59 horas (3:51 en movimiento real)
1341 altura ganada
35.100 kilómetros
1.700 calorias

Ah !! Si te quedaste algo intrigado con el amigo Karl Malco y su historia, puedes leer algo del tema aquí o acá

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